The Death of Papa (fragmento)Horton Foote

The Death of Papa (fragmento)

"Eliza: Aquí llega Horace. Que Dios bendiga tu corazón. (A Gertrude) Corre y dile a la señorita Elizabeth que Horace está aquí conmigo.
(Gertrude desaparece.)
¿No es terrible? Podría habérselo contado a ellos. Me desperté esta mañana con este pesar en el corazón, en este plomizo corazón y me pregunté qué me estaba pasando. Has sido salvada. Tu corazón debería sentirse libre de pena. Luego alcé la vista y vi dos palomas de luto en el techo de la casa. No una, sino dos, y pensé que éste iba a ser un día triste para todos nosotros. El Señor da y quita; bendito sea el nombre del Altísimo. Fui en busca de Gertrude y le referí lo que había visto. Apenas había terminado de contarle la historia cuando ambas escuchamos...
(Gertrude y Elizabeth Robedaux entran. Gertrude permanece al borde de la escena en actitud de espera, mientras Elizabeth corre hacia su hijo y le estrecha en sus brazos.)
Elizabeth: ¡Hijo! ¡hijo! ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué será de nosotros a partir de ahora?
(Ella llora, abrazándole. Él nunca ha visto llorar antes a su madre ni participarle sus preocupaciones, y como además ignora el origen de su dolor se siente incluso más disgustado.)
Gertrude: Él no derrama ni una sola lágrima. Imagino que es demasiado joven aún para darse cuenta de la situación.
Elizabeth (secándose los ojos.) Su cuerpo yace ahora en el interior de la casa. Ellos lo trajeron al hogar. Tu abuela está con él. Ella querrá verte. Vamos, cielo. Tengo que volver. La casa está llena de gente. La ciudad entera está conmovida.
(Ella comienza a alejarse; el niño se queda.)
¿Hijo?...
(Ella se da cuenta de que él no se ha percatado de lo que sucede. Regresa de nuevo a su lado.)
Hijo... Es tu abuelo. Ha muerto de un ataque al corazón. Algo repentino. ¡Dios mío! ¡Dios mío! Ayúdanos.
(Llora de nuevo. El niño se une por fin a su llanto, acercándose a ella. Tras una pausa, ellos comienzan a alejarse mientras Gertrude se une a Eliza.)
Eliza: (señalando al techo de la casa) Sí. Salí de casa más tarde de lo habitual. El Sr. Brother pensó que estaba dormida, supongo, porque entró en el patio diciendo: Liza... Liza... Es hora de levantarse. Liza... Liza... Yo dejé que siguiera llamándome porque mi pesaroso corazón era incapaz de toda respuesta.
Demasiado pesar como para levantarme. Entonces la Sra. Vaughn salió y me llamó y entonces sí que respondí y me desperté, me levanté, me vestí y abrí la puerta, pensando que éste era un día odioso y me hallaba en mitad del patio cuando miré y vi a las dos palomas surcando el aire. Marchaos de aquí, me dije a mí misma, alejaos de nosotros, pero antes de que pudiera terminar de decir estas palabras, ambas descendieron sobre el tejado y entonces lo supe con toda certeza. La muerte... visitaría esta casa hoy en algún instante. Y la muerte la visitó a las 13:30, en la esquina frente a la estación de servicio del Sr. Jack Crawford. Henry Vaughn, rico y poderoso, fue golpeado por la mano de la muerte y murió en la acera antes de que cualquiera de sus seres queridos pudiera siquiera decirle adiós. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com