A Margarita, de Empédocles en EtnaMatthew Arnold

A Margarita, de Empédocles en Etna

"Sí, en el mar del vivir aislados, con resonantes estrechos que nos separan, punteando el acuático páramo sin costas, nosotros, millones de mortales, vivimos solos. Las islas sienten cómo las corrientes las unen, aprendiendo los eslabones que sin fin las atan. Pero cuando la luna alumbra los vacíos, y un bálsamo primaveral las barre, en los collados ruiseñores cantan divinamente bajo noches estrelladas, y primorosos acordes vierten a través de ruidos y canales, de orilla a orilla. Entonces una nostalgia como desesperación llega hasta las cavernas más apartadas, porque, seguramente, entonces se presiente que parte fuimos de un solo continente. Hoy la llanura acuosa, rodeándonos se extiende; si pudieran nuestras márgenes de nuevo encontrarse. ¿Quién dispuso que este fuego de ansias debiera enfriarse tan pronto como se inflama? ¿Quién devuelve vacío tan hondo deseo? Un dios ordenó tanta separación, un dios, y entre orillas impuso el salado, insondable mar que nos aparta. "


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