Teoría de la novela (fragmento)Manuel García Viñó

Teoría de la novela (fragmento)

"Si nos fijamos, podemos ver que todos los fenómenos culturales modernos tienen su capilla Sixtina y sus Cuevas de Altamira. Si hay alguno tan desgraciado que aún no tiene la primera, sus cultivadores y simpatizantes no deben desesperar, le llegará el momento. Nada en este mundo, empezando por el ser que lo habita y justifica, carece de sus Cuevas de Altamira. Ciñéndonos -volviendo- al ámbito de la cultura, al que pertenece de lleno el tema de este libro, quien estime como una broma lo que digo, que acuda a una de tantas historias del cinematógrafo en que se afirma que las primeras manifestaciones de lo que vendría a ser llamado "el séptimo arte" tuvieron lugar en las cavernas prehistóricas. Los estudiosos de los fenómenos culturales -al contrario que los artistas contemporáneos, que reivindican para todo y para todos la originalidad- andan siempre empeñados en demostrar que no hay nada nuevo bajo el sol, es decir, que todo tiene sus antecedentes.
Por supuesto que la novela tiene sus romanos, sus griegos y sus lejanos abuelos del Antiguo Oriente. Sin embargo, en la polémica sobre sus orígenes, abundan las opiniones que la hacen el más joven de los géneros literarios dignos de ese nombre. Y más se advierte la insistencia en este enfoque cuanto más modernos sean los tratadistas a que se acuda.
Como escribió Menéndez Pelayo, a propósito de los Orígenes de la novela, género tan antiguo como la imaginación humana es el relato de casos fabulosos, ya para recrear con su mera exposición, ya para sacar de ellos alguna saludable enseñanza. "La parábola, el apólogo, la fábula, y otras maneras de símbolo didáctico son narraciones más o menos sencillas, y gérmenes del cuento, que tiene siempre en sus más remotos orígenes algún carácter mítico y trascendental, aunque este sentido vaya perdiéndose con el curso de los tiempos y quedando la mera envoltura poética". Para este ciclópeo estudioso de la literatura, la novela, el mismo teatro, todas las formas narrativas y representativas que modernamente se han cultivado, no son más que la antigua epopeya destronada, la poesía objetiva del mundo moderno, cada vez más ceñida a los límites de la realidad actual, cada vez más despojada del fondo tradicional. En su opinión, hasta la novela considerada como representación de la vida familiar puede insinuarse en la epopeya misma. Sin embargo, aun viendo en ella sus raíces, distinguía la epopeya, siempre envuelta en una atmósfera luminosa y divina que ennoblece y realza su contenido, y cuyas raíces son tan hondas que descienden a lo más recóndito del alma de los pueblos, de la ficción novelesca que más o menos se caracteriza siempre por el dominio de la fantasía individual, por el libre juego de la imaginación creadora. "



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