Un ensayo sobre la liberación (fragmento)Herbert Marcuse

Un ensayo sobre la liberación (fragmento)

"En la reconstrucción de la sociedad para el logro de esta meta, la realidad asumiría en conjunto una Forma expresiva de la nueva meta. La cualidad esencialmente estética de esta Forma haría de ella una obra de arte, pero en la medida en que la Forma ha de aparecer en el curso del proceso social de producción, el arte habría cambiado su sitio y función tradicionales en la sociedad: se habría convertido en una fuerza productiva en la transformación a un tiempo material y cultural. Y como tal fuerza, el arte sería un factor integral en la configuración de la calidad y la “apariencia” de las cosas, en la configuración de la realidad, del estilo de vida. Esto significaría la Aufhebung del arte: el fin de la escisión entre lo estético y lo real, pero también el fin de la unificación mercantil de negocios y belleza, explotación y placer. El arte recuperaría algunas de sus connotaciones “técnicas” más primitivas: como arte de preparar (¡cocinar!), cultivar, hacer crecer las cosas, dándoles una forma que no violente ni su sustancia ni la sensibilidad —afirmación de la Forma como una de las necesidades del ser, universal más allá de todas las variedades subjetivas de gusto, afinidad, etc. De acuerdo con Kant hay formas puras de sensibilidad a priori, comunes a todos los seres humanos. ¿Sólo el espacio y el tiempo? ¿O existe quizás una forma constitutiva más material —tal como la distinción primaria entre lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo — anterior a toda racionalización e ideología, una distinción hecha por los sentidos (productivos en su receptividad), que distingue aquello que viola la sensibilidad de aquello que la gratifica? En este caso, las vastas diversidades del gusto, de la afinidad, de la predilección, serían otras tantas diferenciaciones de una forma básica de sensibilidad “original”, experiencia de los sentidos, en la que fuerzas modeladoras, frenadoras y represivas operarían de acuerdo con el individuo y la situación social respectivos. La nueva sensibilidad y la nueva conciencia que han de proyectar y guiar tal reconstrucción exigen un nuevo lenguaje para definir y comunicar los nuevos “valores” (un lenguaje en el sentido más amplio, que incluye palabras, imágenes, gestos, tonos). Se ha dicho que el grado en que una revolución va desarrollando condiciones y relaciones sociales cualitativamente diferentes puede quizás sernos indicado por el desarrollo de un lenguaje diferente: la ruptura con el continuum de la dominación debe ser también una ruptura con el vocabulario de la dominación. La tesis surrealista, de acuerdo con la cual el poeta es el inconformista total, encuentra en el lenguaje poético los elementos semánticos de la revolución.
Porque el poeta... ya no puede ser reconocido como tal si no se opone por un no-conformismo total al mundo en que vive. Se alza contra todos, incluyendo a los revolucionarios, que, situándose en el terreno de la sola política, arbitrariamente aislada así del conjunto del movimiento cultural, preconizan la sumisión de la cultura al logro de la revolución social.
La tesis surrealista no abandona las premisas materialistas, pero protesta contra el aislamiento del desarrollo material respecto al cultural, que conduce a una sumisión del segundo al primero y, por lo mismo, a una reducción (si no una negación) de las posibilidades libertarias de la revolución. Antes de su incorporación al desarrollo material estas posibilidades son “sobre-realistas”: corresponden a la imaginación poética, formada y expresada en el lenguaje poético. Éste no es, no puede ser, un lenguaje instrumentalista, ni un instrumento de la revolución.
Parece ser que los poemas y las canciones de protesta y liberación se presentan siempre demasiado tarde o demasiado pronto: recuerdo o sueño. Su tiempo no es el presente; preservan su verdad en su esperanza, en su rechazo de lo actual. La distancia entre el universo de la poesía y el de la política es tan grande, las mediaciones que dan validez a la verdad poética y la racionalidad de la imaginación son tan complejas, que cualquier atajo entre las dos realidades parece ser fatal a la poesía. No hay modo de que podamos prever un cambio histórico en la relación entre el movimiento cultural y el revolucionario que pudiera tender un puente entre el lenguaje cotidiano y el lenguaje poético y abrogar el dominio del primero. El segundo parece extraer toda su fuerza y toda su verdad de su otredad, de su trascendencia. "



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