En mitad de la noche un canto (fragmento)Jirí Kratochvil

En mitad de la noche un canto (fragmento)

"Cuando vi aquellos enjambres de maderos por la calle —entretanto se había montado una buena en algún lugar del centro y habían sido movilizados todos los refuerzos policiales—, comprendí que jamás en la vida conseguiría abrirme paso a través de él y que lo mejor que podía hacer era subirme al tranvía que pasaba justo en ese momento. Y así me vi en un tranvía que me llevó a Černá Pole, donde —como había descubierto en el papelillo que me había dado Bětka en el registro de empadronamiento de ciudadanos— vivía ahora mi Ifigenia.
Fifí me miró sorprendida durante un instante, después sonrió y me invitó a pasar.
Bueno, ya no era precisamente una muchacha en flor, en cambio era una dama por los cuatro costados: ahora practicaba gymjazz y yoga e iba a nadar regularmente, así que había conseguido mantener el tiempo a raya. Al menos eso pensaba ella, aunque en realidad el tiempo había dejado su huella. Pero yo también era una persona totalmente distinta, como ya he mencionado.
Me paseé por su piso, dos habitaciones con cocina, y me detuve en el balconcito, desde donde tenía vistas a un gran jardín umbrío.
Ifigenia llevaba ahora una vida ordenada. Trabajaba en el archivo sonoro de la radio de Brno y había descubierto en sí misma a edad avanzada un talento peculiar: diferenciaba y recordaba sonidos en apariencia indiferenciables, igual que otros distinguen y recuerdan melodías y estribillos.
Y me lo contó frente a un café y unas galletas Albert.
Cuando voy al trabajo en el tranvía de la mañana, lleno a rebosar, reconozco a mi alrededor, sólo por el sonido, a todos mis compañeros de viaje, y sé si hay allí alguien que no viaja con nosotros a diario.
Aquello llamó mi atención. Así que charlamos un rato sobre la acústica tranviaria, y después le pregunté por su chulo de la calle Francouzská y me enteré de que también Jeanmarais se había colocado en un puesto muy bueno y de que tenía una posición muy respetable. Trabajaba en una fábrica de Brno como jefe del departamento de misiones especiales.
De modo que todo había cambiado. Era algo que también me esperaba. En realidad, claro está, no me esperaba nada de nada. Pero no tenía intención de contárselo a Fifí.
De modo que me apresuré a levantarme de una vez. Pero Ifigenia, según estaba allí sentada frente a mí en la habitación, puso de repente la taza encima de la mesa y dijo: ¡Hablando del rey de Roma, por la puerta asoma!
Y me explicó —inclinando entretanto la cabeza ligeramente y orientando su cavidad auditiva como una vieja elefanta alerta— que acababa de llegar al aparcamiento de allí al lado el renault de Jeanmarais.
Me levanté de un salto y busqué a toda prisa mi sombrero. "



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