Henry Miller, escritor maldito (fragmento)Joan Bonet Gelabert

Henry Miller, escritor maldito (fragmento)

"Lo cierto es que Miller, está más cerca de las verdades elementales del cristianismo que de otras cosas. No se puede negar que el libro tiene palabrotas, tacos y en las descripciones es, más que otra cosa, cruel. Como serían los demás libros de Miller, éste es una epopeya atormentada. Así lo ha podido ver la crítica más seria, menos insensata. Miller cuenta su vida. Él, como autor de novelas, no hará otra cosa que una larga, inacabable, barroca y verbalista historia de su propia vida. Y la contó sin hipocresías.
-En la vida -dirá Miller- no hay más que dos caminos, dos soluciones. Rebelarse contra los prejuicios o convertirse en un hipócrita.
Leído el "Trópico de Cáncer" sin beatería, sin prejuicios, lo que se saca en conclusión es que la vida de su autor estuvo llena de dificultades humanas, que estuvo lejos de ser una vida fácil, que se exilió de los Estados Unidos, entre otras razones, porque su talento no iba con aquella civilización súper materialista, en la que no contaban más que los éxitos traducibles en dólares, y que Miller, en suma, es un hombre de sabrosa humanidad para el que cuentan, es cierto, los bienes de esta vida, para el que cuenta el amor, y la sensualidad; pero que sabe desprenderse y vivir con "mucho menos" con tal de dar la mano a un amigo más necesitado que él. Queda el lenguaje tan libre...
-Sí, sí -cuenta Miller-, los procesos contra el libro se apoyan con frecuencia en el vocabulario, en las palabras fuertes. Pero yo me pregunto si es mentira que la gente no hable así, como yo escribo. ¿Acaso en la vida no se emplean todas esas palabras y más que yo empleo al escribir? Son muchos los libros que no están escritos con ese lenguaje y que resultan, es evidente, más ordinarios y hasta perversos que los míos.
Los procesos contra Miller lo son no por las autoridades federales, sino por las locales. Algunos se han perdido, tales como los de Filadelfia y Boston, y entonces el editor recurre a las autoridades superiores con la esperanza de ganar. En Chicago, los procesos se ganaron, y entonces los que recurren son los otros. Un laberinto que, en el fondo, lo que hace es aumentar la fama de "Trópico de Cáncer", que se ha convertido, como su autor, en algo popular y que está en todas las bocas.
Dice Miller:
-Me han convertido en una especie de objeto. Un objeto de piedad, de odio, de amor, de admiración o furor, de todo. Esta batalla resulta divertida. Ver las reacciones de la gente es siempre un espectáculo fascinante. Y en algún sentido esos procesos tienen una real importancia. Crearán un precedente que permitirá a otros libros, después de los míos, aparecer libremente. América es el país de la hipocresía; pero esto empieza a tambalearse. Se ve que el coloso tenía los pies de barro.
Leo papeles sobre alguno de los procesos. En un pueblo de Texas, el juez que sigue el proceso y se aburre con el desfile de testigos, se cansa escuchando sus opiniones, se cae de sueño al tener que oír la lectura de las páginas del libro, interviniendo en el debate para hacer la siguiente y pintoresca pregunta:
-Todo eso que ustedes están leyendo es literatura; pero ¿me podrían explicar ustedes qué demonios es un "bidé"?
En otra ciudad, a la hora del proceso, el estupor de la gente es inenarrable al presenciar la llegada de un vicario que pide intervenir y hace la defensa de Miller. Las damas estropajosas quedan pasmadas, pues aquel cura joven y entusiasta dice que considera capital el libro en la historia de las letras americanas y, además, piensa que ha contribuido como pocos a una nueva libertad en la literatura mundial. "



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