Historia del arte, el arte al través de la historia (fragmento)Josep Pijoán

Historia del arte, el arte al través de la historia (fragmento)

"La mayor parte de las catedrales italianas han formado un pequeño museo particular, llamado de la Obra de la catedral, donde se han reunido preciosas reliquias artísticas, retiradas del culto por poco adecuadas a la liturgia moderna o por constituir tesoros demasiado importantes para abandonarlos al servicio diario de los clérigos y feligreses. El pequeño museo del Duomo de Siena posee, entre varias otras cosas notabilísimas, un grupo de pinturas sobre tabla que en otro tiempo habían constituido el altar mayor de la catedral. Estas pinturas atraen las miradas del que las contempla con encanto irresistible; pocas obras de arte producen aquella fascinación extraña que causan al espectador los restos mutilados del antiguo altar de Siena (fig.49). Son obra de un maestro de la propia ciudad, llamado Ducio, contemporáneo de los florentinos Cimabue y Giotto. Al pie de la Virgen que ocupa el lugar principal de la magnífica icona, puso él mismo su firma con estas palabras: "Madre Santa de Dios, procura a Siena la paz y se la vida para Ducio, el que así te ha pintado."
La invocación a la paz que de la Reina del cielo implora para su patria, no era innecesaria, porque las ciudades italianas, durante los siglos XIII y XIV, se destruían unas a otras sin piedad, con odios irreductibles y formando sólo confederaciones y alianzas para poder con más fuerza aniquilar a sus vecinos rivales. Siena, la tranquila población cuya vida sosegada apenas altera en nuestros días la visita constante de los turistas, a principios del siglo XIV se disputaba con Florencia la hegemonía de Toscana. Había vencido a los florentinos en la batalla de Monteaperto, recordada por el Dante como una terrible humillación, y como resultado de esta victoria, disfrutaba entonces de una feliz temporada de paz. Los burgueses de Siena se aprovecharon de este período de tranquilidad para activar las obras de la catedral, y contrataron a Ducio, que era ya pintor famoso, para que ejecutara un nuevo retablo en substitución del de la vieja Madona de los grandes ojos, milagrosa patrona de la ciudad, que, llevada en un carro, les había protegido eficazmente en el campo de batalla de Monteaperto. La Virgen de los grandes ojos (acaso una icona bizantina), no por esto menos venerada de los sieneses, pasaría a ocupar una capilla lateral. Por un documento del año 1308, Ducio se compromete a trabajar en una nueva icona por el precio de cincuenta sueldos diarios, estipulándose, además, todas las prevenciones necesarias para obligar al maestro en caso de incumplimiento o falta de actividad; porque parece que el gran pintor de Siena no era hombre tan exacto en el cumplimiento del deber como diestro en el arte de la pintura. "



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