Fragmentos de mis memorias (fragmento)Adolfo Posada

Fragmentos de mis memorias (fragmento)

"Apenas me independicé de la vigilancia y estorbo de la niñera, o de su sucedánea la planchadora, y me sentí libre en mis movimientos hasta unas cuantas varas de la casa o de la tienda paterna, la calle tenía que ser -y fue- el campo de mis infantiles aventuras: la escuela y la calle constituyeron de modo natural los lugares en que se deslizó, con sus inevitables roces, a veces ásperos, mi niñez, que debo, sin embargo, desde las alturas de los años vividos, reputar edad feliz, pues no conservo de ella recuerdos de fondo realmente doloroso o de hechos con trascendencia trágica sobre el resto de la vida. La calle para mí comenzó por ser sólo una prolongación del portal de la casa, a lo sumo hasta la pared de enfrente, limitado espacio que, muy pronto, se fue ensanchando a derecha e izquierda, siguiendo de un lado el amplio escaparate de la vecina confitería y, de otro, el muy estrecho de la cacharrería de Marieta la Valenciana. En la casa de enfrente, la amplia casa de los Argüelles, había entonces una gran librería y un taller de encuadernación que me familiarizó, quizás más y mejor que cualquier escuela de silabario, con la letra de imprenta, no precisamente la de los libros, a lo que no llegaba, sino la de los anuncios fijados en el muro entre puerta y puerta y que el librero constantemente renovaba, según lo exigía la llegada de obras dignas del grabado y de los grandes letreros anunciadores. Uno de mis inocentes entretenimientos consistía en sentarme a la entrada de mi casa, en el duro suelo, y admirar las estampas del anuncio del día al volver de la escuela de párvulos y deletrear, cuando podía, el título de la obra presentada con aquel alarde de publicidad librera. Alguna vez el grabado fue causa de verdaderas pesadillas. Recuerdo bien el terror que me produjo la contemplación, durante varios días, del grabado anuncio de una obra, de cuyo título no me acuerdo, que representaba horribles escenas de crueles asesinatos realizados por una cuadrilla de ladrones sorprendidos en su atroz faena por la Guardia Civil. En uno de los cuadros del anuncio los bandidos que asaltaran el palacio -se trataba de un suntuoso palacio- atacaron, por lo visto, como fieras a quienes en él vivían. Y ahora mismo, sin esfuerzo, veo a la señora de la lujosa mansión tendida en el suelo en ropas menores, desgreñada, arrojando sangre por las heridas, y al señor, amordazado, recibiendo de rodillas un disparo de pistolón que le suministraba uno de los bandidos. Cerca se hallaban los criados maniatados y cubiertos sus ojos con vendas bien ajustadas. En otra estampa, la Guardia Civil se batía a tiros con los bandidos sorprendidos en la escalera del palacio. "


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