La familia de Hita (fragmento)Mauricio López-Roberts

La familia de Hita (fragmento)

"Moría el día con pálidos reflejos azules. Una nube, detenida en medio del cielo apacible, se sonrosaba con un invisible rayo del sol poniente; las ramas del jardín frontero, cargadas de hojas, aparecían negras en la escasa claridad y el silencio del anochecer envolvía en quietud campestre aquel trozo de naturaleza encerrado en el marco urbano de la calle de San Blas, callada y tranquila, donde sólo se escuchaba el ensordecido rodar de los coches que pasaban por la de Atocha, dominado de vez en vez por el timbre claro del tranvía. Aquel panorama familiar aburrió a Leandra y le hizo volver la vista adentro, pero nada pudo ver, pues la habitación ahuyentaba con sombras crecientes la claridad moribunda, velándose con ellas en misteriosa obscuridad, donde los muebles desaparecían y las paredes grises se alejaban en la penumbra. La luz que traía Felicitas, iluminando el cuarto, le hizo aparecer como creado de pronto, con sus muros cubiertos de papel roto, ensuciado a trechos por el roce de las cabezas, su redonda mesa de nogal cubierta con un hule viejo y cortado, su aparador que no parecía guardar comestible alguno, sus sillas cojas y desvencijadas, y sus bodegones, aquellos cromos donde cangrejos, perdices, uvas hermosas y rojas granadas contemplaban irónicamente los medios limones exprimidos y arrugados y los mendrugos que vagaban por las tablillas del aparador. "


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