Juegos de la edad tardía (fragmento)Luis Landero

Juegos de la edad tardía (fragmento)

"Gregorio, con el peluche en los brazos , tenía el rostro vuelto y agraviado, y la mirada abstracta. Vio a unos jóvenes que volaban una cometa y cómo en cada giro la cometa estaba más alta; vio a un niño que inflaba un globo, y en cada vuelta el globo era más grande; vio a dos muchachas gritando en un barca de péndulo que por efecto de los movimientos combinados se mantenía siempre en la misma posición de descenso, y también el grito era siempre el mismo, y las cabelleras flotaban rígidas en el aire; y vio a tres niñas que se lanzaban alternadamente una pelota y cómo sólo una la recibía, mientras que las otras dos miraban a la afortunada con una paciencia cada vez más triste. Los diálogos se convertían en monólogos, los saludos no eran contestados, y había quien respondía a preguntas que nadie le había hecho y quien se esfumaba y aparecía más allá por arte de birlibirloque. Uno sacaba una patata frita, otro la engullía, otro la masticaba y el de más allá se relamía. A un gesto correspondía el disparate de otros gestos, como en una pantomima de Torre de Babel representada por comediantes bufos. Señora hubo a quien se le cayó el abanico y caballero que lo recogió trasmutado en sombrero. Un niño que se burlaba de su madre recibió de premio una sonrisa. Al novio se le mudó la novia, cuando se disponía a besarla, en una nube de algodón de azúcar, y tan pronto la besaba como la devoraba, siempre con similar blandura. Cuando el tiovivo se detuvo, le costó a Gregorio asimilar el sentido literal de las cosas.
(...)
Todos los días salía de casa subiéndose sus imaginarias solapas de espía, un cigarrillo colgado del labio y la mirada esquinada de astucia. Deteniéndose en los escaparates y simulando curiosidades imprevistas, angulando reojos, hurtando el perfil, burlando persecuciones y salvando emboscadas, vencía sin novedad la primera etapa del trayecto. A partir de allí, le esperaba otra suerte de peligros. Si aguardaba la luz verde para cruzar una calle y se ponía a su altura una mujer con alguna prenda negra, perdía una baza de semáforo. Si azul, ganaba el derecho a acelerar el paso durante un minuto. Si alcanzaba a un transeúnte ciego o cojo, no podía adelantarlo mientras no lo liberase algún hombre con un peso a la espalda. Quedaba cautivo de una plaza si la estaban regando o había un niño con un gorro, y no podía franquearla hasta que cruzase un perro o levantase el vuelo una paloma. Pero si el perro se paraba a hacer una necesidad, también él debía pararse y contener la respiración, pues en caso contrario las reglas del juego lo obligaban a retroceder hasta encontrar una monja o cualquier otra persona de uniforme. Por momentos la vida le parecía apasionante. "



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