Estado Civil (fragmento)Pierre Drieu La Rochelle

Estado Civil (fragmento)

"Nunca he podido pensar en Dios, nunca he podido acercarme a Él. Cuando entré en esta desgracia, que también era el retiro deseado, me volví hacia Él, pero porque era una solución aprendida. Estaba deseando descubrir a aquel ser de quien tanto me hablaban. Despertaron mi curiosidad las descripciones de felicidad mística que encontraba en las vidas de los santos. Lo extraordinario de su existencia, el milagro de voluntad con que se habían librado de la mediocridad cotidiana y, sobre todo, del ignominioso sopor de las horas siguientes al almuerzo; todo eso seducía mi imaginación. Cierto que yo estaba más afectado por el aspecto heroico y glorioso de la santidad, pero también quería saber lo que era el éxtasis. Ambicionaba ejercer el poder mágico de la oración y, en la capilla, muchas veces me cebaba en evocar a Dios a fuerza de concentración. Pensaba cada palabra de mis oraciones con gran fuerza y esperaba, de tal aplicación intelectual, la súbita irrupción de delicias en mi corazón. He debido ser más diletante a los diez años que a los veinticinco.
[...]
Antes había habido extravagantes incidentes que surgían incomprensibles de la nada. Oprimido por la soledad, tener camaradas, estar con mis semejantes, reír, hablar a tontas y a locas, era para mí una delicia como no lo era para nadie. Pero no me satisfacía con esas efusiones. Los niños gustan de distinguirse de los demás. Forman grupos tan restringidos como pueden, o bien van de dos en dos. Se dan el premio, en comparación con los otros, de señalar que no pueden satisfacerse con cualquiera, pero que les basta quien les parece el mejor o el más agradable. El comercio entre dos egoístas es el régimen más clemente para su pasión. Se encierra en un invernadero caliente donde cada cual cultiva lo que no es del otro y plantean sus diferencias sobre los más extraños matices. Por lo demás, pronto es necesario salir de ese lugar cerrado, porque la atmósfera se entibia insidiosamente y los mediocres peligros de la promiscuidad suceden a la acción estimulante de la comparación.
Quedé maravillado por el descubrimiento de esas feroces relaciones que sólo en algunos momentos tienen algo en común con la amistad, intercambio de caridad paciente, minuciosa, sutil, desesperada.
Me manifestaba de un golpe en mi camarada y le escuchaba ávidamente, porque cada una de sus confidencias era un término de comparación con lo que yo hacía, decía, pensaba. Pero tampoco esas dádivas más concretas me bastaban. "



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