Historia del constitucionismo español (fragmento)Luis Sánchez Agesta

Historia del constitucionismo español (fragmento)

"Cuando Teófilo Gautier visita España en 1840, al leer sobre la piedra de un antiguo edificio un letrero que titula en cal “Plaza de la Constitución”, hace un agudo comentario: “Esto es una Constitución en España: una pellada de yeso sobre granito”.
Porque hay un segundo hecho que da aún una justificación más honda a este juicio de Gautier. No es sólo ese tejer y destejer de constituciones lo que hace superficial el constitucionalismo español. En el mismo nivel hay que destacar otro hecho: el falseamiento progresivo de los supuestos representativos del régimen constitucional. Los pronunciamientos primero, el caciquismo y las manipulaciones del sufragio después, acaban transformando el sistema representativo en la farsa con que legaliza sus poderes una oligarquía. El régimen constitucional representativo acaba siendo un espectáculo de gran escenografía entre unos grupos políticos que hacen las Cortes y se apoyan en ellas. A fines de siglo este fenómeno se va a denunciar con toda su crudeza. «La realidad es ésta —decía Maura en el año 1904—. La gran mayoría del pueblo español está abstenida, no interviene para nada en la vida pública.» Y Costa repite machaconamente: "Farsa el sufragio, farsa el gobierno, farsa el parlamento, farsa la libertad, farsa la Patria."
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Las libertades de industria, comercio y circulación, el acotamiento y cierre de fincas rústicas, la libertad de precios y la libertad de trabajo, todos los supuestos del individualismo económico, habían sido propugnados y en algún caso iniciados en el reinado de Carlos III... Cuando las Cortes de Cádiz definen esos principios, que han de valer casi sin discusión para todo el siglo, no hacen sino cerrar un proceso y deducir sus últimas consecuencias. Algo análogo puede decirse de otro proceso más complejo: la supresión de los vínculos y los mayorazgos y la desamortización civil y eclesiástica que se consuma en 1836 con Mendizábal... Estas y otras causas van a destacar el primado social y económico de una nueva clase.
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Lo singular de este nuevo enfoque de la decadencia, como problema político, es que no son sólo los llamados liberales quienes sostienen ese juicio. Con la sola excepción de los afrancesados, que por una curiosa paradoja mantienen en su pureza estos principios del despotismo ilustrado de una reforma económica o administrativa realizada por el poder omnímodo del Monarca, todos los demás grupos difieren en la dosis, pero no en el principio esencial de la necesidad de una reforma de estas instituciones políticas... Lo importante es que la estructura política interna pasó a ser una cuestión esencial. Todos los problemas se centran y se subordinan a ella; la forma de gobierno o la estructura del régimen es la cuestión que descubrimos bajo todas las discusiones políticas... Este criterio nos permite comprender muchos sentidos de lo decimonónico... Ese aire tremendamente siglo XIX que tienen algunos aspectos de la segunda república responde también a ese carácter. Había republicanos que creían que la sola forma republicana, como cambio de estructura política, era una panacea salvadora; el mismo Ortega y Gasset no escapó a ese espejismo. "



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