El tiempo querido (fragmento)Yves Navarre

El tiempo querido (fragmento)

"Y si te hablo directamente como si estuvieras aquí, escúchame. Mis razones permanecen ocultas en el misterio de estas páginas, en el silencio de estos signos, en los giros y vueltas de estas líneas. Espero que las ames como yo las he amado, que las vivas como yo las he vivido, que te permitan examinar el cauce de tu vida como yo he examinado el mío. La literatura ha generado demasiada literatura por sí misma y para sí misma, definiendo sus propias estructuras y estilos, sus objetivos, modelando y perfeccionando su retórico arcano. Cuestiones propias del gremio de las letras. La literatura ha olvidado cómo vivir. Ésta es la primera de mis novelas.
Desde luego sus connotaciones son autobiográficas. Pero no dicto sus líneas mediante la transcripción de una cinta magnetofónica y no quisiera que tuviera un aroma dulce como una pastilla de jabón. ¿Dónde finaliza la historia, dónde comienza la novela? Éste es un cuento propio de un arrebato emocional. ¿Hemos olvidado ya lo bien que sienta la lucha, lo dura que era? Cuánto sinsentido. Cuánta dicha siento porque jamás estoy solo. Todo es un continuo comenzar.
Dispongo de un apartamento en los Batignolles parisinos, en el tercer piso, sin ascensor, con una vista desbloqueada de un lado del patio y del foso abierto de la Estación Saint Lazare y de las yardas del tren del otro. Sí, he dicho foso porque la primera vez que visité ese lugar hace diecisiete años (había pasado en ese momento mi examen y había sido aceptado en el instituto donde ahora doy clases)-cuando me asomé a la ventana de mi sala de estar y miré hacia abajo, mi cabeza comenzó a dar vueltas. De repente, sentí que la distancia al suelo se reducía el doble de lo que medía el edificio y entonces fui consciente de esos raíles perfectamente delineados. En aquellos días todavía quedaban algunas máquinas de vapor, arrastrando a lo largo corrientes de humo, desvaneciéndose poco a poco, venciendo obstáculos: las líneas reaparecían firmes y relucientes. Algunas veces pude contemplar los rayos oblicuos del sol de mediodía golpeando la parte inferior de ese foso y hacer que el metal sonara como una daga. "



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