Suicidio (fragmento)Édouard Levé

Suicidio (fragmento)

"En verano, en la playa, salías a navegar tú solo en catamarán. Desplegabas las velas y remabas siempre recto. ¿Para qué hacer una bordada, si las olas eran las mismas? La línea recta te venía bien. No te preocupabas de itinerario alguno, dirigías la proa hacia el horizonte, de espaldas a la costa. Querías olvidar la tierra pero tus expediciones eran demasiado cortas para verte rodeado sólo de olas. Se te llenaban los pulmones de aire, el oleaje te inundaba los oídos, los movimientos del barco se apoderaban de tu cuerpo en busca de equilibrio. El balanceo de las olas te hipnotizaba mientras el viento, a su vez, te despertaba. Te gustaba esa somnolencia lúcida, semejante a la de un niño acunado por una nodriza que le canta con dulzura una melodía adormecedora. Luego había que volver. Dabas una bordada e intentabas regresar tan directo como habías ido, a pesar de que la dirección del viento te obligaba a virar. La vista de la tierra a lo lejos te devolvía a la realidad, que el mar te había hecho olvidar. Conforme se acercaba la playa, ibas abandonando el sueño en vela en el que te habían sumido las olas.
Una noche, en la ciudad de la Provenza, te paseaste sin rumbo por las calles durante tres horas. Llegaste a un barrio desprovisto de encanto, delimitado por dos grandes avenidas. Pisos baratos alternaban con viviendas de alquiler protegido, asilos, garajes, supermercados, tiendas de aspiradoras, varios comercios de productos para mascotas y peluquerías de señora. Un olor a fritanga y carne guisada se escapaba de un restaurante de cortinas sucias donde ofrecían un menú de bar de carretera. La iluminación naranja de la urbe fastidiaba el placer que te habría proporcionado contemplar algunos palacetes del siglo pasado, milagrosamente conservados entre el cemento. Llegaste a una pequeña iglesia que lindaba con un cementerio. Las tumbas blancas que se recortaban tras la verja de entrada adornada por un gran ciprés se te antojaron un oasis de belleza reposada. Nunca se te había pasado por la cabeza dar un paseo nocturno a solas por un cementerio. Una obsesión inconsciente con los fantasmas te habría disuadido. Un hueco en una piedra del muro y un apoyo en lo alto de la verja te decidieron. Sin pensar cómo saldrías de allí, te pusiste a escalar el muro. "



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