La educación de las niñas (fragmento)François Fénelon

La educación de las niñas (fragmento)

"La vanidad es una cosa muy temible en las niñas, mayormente si es con el deseo de agradar; pues como quiera que tienen cerrados los caminos que conducen a los hombres al ejercicio de autoridad y a la gloria, procuran indemnizarse con los adornos con que adornan tanto su cuerpo como su talento. De aquí proviene su conversación halagüeña y seductora, sus deseos inmensos de parecer hermosas y agraciadas, y su pasión dominante hacia las modas: un gorro, un cabo de cinta, un rizo más alto o más bajo, y la elección de algún color, son para ellas otros tantos negocios importantísimos.
Estos excesos se ven más en la nación francesa que en otra cualquiera; el genio voluble que nos caracteriza es causa de la variedad continua de modas, añadiendo con esto el amor de la novedad el del modo de vestir que tanto los hechiza; y estas dos locuras unidas, traspasando los límites de las condiciones, desarreglan todas las costumbres. Cuando se ha perdido el orden o arreglo en cuanto al modo de vestir y al de amueblar las casas, se pierde también el de las condiciones; pues no pudiendo la autoridad pública arreglar la mesa de los particulares, cada uno la elige según sus facultades, o más bien, sin que las tengan siguiendo sólo su ambición y vanidad.
Este lujo arruina las familias, y esta ruina ocasiona la corrupción de las costumbres. De una parte el lujo excita en las personas de bajo nacimiento el vehemente deseo de una fortuna pronta, que no puede adquirirse sin pecado, como el Espíritu Santo nos lo asegura. De otra parte, las personas de distinción que carecen de recursos cometen vilezas y humillaciones horribles para sostener sus gastos, extinguiendo sucesivamente el honor, la fe, la probidad y hasta la fuerza del natural entre los parientes más cercanos. "



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