Historia de Alibeo Persa (fragmento)François Fénelon

Historia de Alibeo Persa (fragmento)

"Comió en una cabaña, y, sintiendo mucha hambre, los groseros alimentos que le ofrecieron le parecieron más agradables que los manjares más exquisitos de la real mesa.
Pasando por un prado cuajado de flores, bordeado de un claro riachuelo, vio a un joven pastor que tocaba la flauta a la sombra de un olmo corpulento.
Llegó hasta él, lo examinó, quedando prendado de su agradable fisonomía y su talante, tan simple e ingenioso como noble y gracioso. Los harapos que le cubrían no menguaban su belleza. El rey creyó que se trataba de algún joven de familia ilustre venida a menos; pero el pastor le dijo que sus padres vivían en la vecina aldea, y que su nombre era Alibeo. A medida que el rey le hablaba, iba descubriendo en él un espíritu firme y juicioso. Tenía los ojos llenos de vivacidad, pero nada ardientes y terribles; su voz era dulce e insinuante y hería hasta lo hondo; sus facciones eran finas, pero muy alejadas de la feminidad.
Este pastor tendría unos dieciséis años y se conceptuaba a sí mismo ni más ni menos que los demás pastores de la vecindad; sin haber sido educado, había aprendido lo que sabía de los demás. El rey le entretuvo familiarmente, quedando prendado de él; por él supo que los reyes tienen un conocimiento falso de los pueblos, por causa de los hombres lisonjeadores que los rodean, y quedaba complacido de la honradez de aquel joven que nada le ocultaba al preguntarle. Y fue para el rey un gran descubrimiento oír hablar sin afectación ni engaño. Después hizo seña al cortesano que lo acompañaba para que no revelase su realeza; pues temió que Alibeo perdiera, al conocerlo, la libertad y la gracia. Y así dijo, reservadamente, al cortesano:
-Veo perfectamente que la naturaleza no es menos hermosa en las gentes de baja condición que en los de posición elevada. Nunca me parecería mejor el hijo del rey que este pastorcito que apacienta sus corderos. Y aún sería dichoso si mi hijo fuese tan hermoso, tan sensato y tan amable como éste, seguramente si este joven tuviese medios de ser educado llegaría a ser un gran hombre. Quiero educarlo.
El rey se llevó consigo a Alibeo, le hizo aprender a leer, a escribir y a contar, y le dio maestros en las ciencias y artes que adornan el espíritu. De pronto fue un poco maleado en la corte, cambiando un poco su corazón, porque la edad y la protección de la fortuna alteraron un poco su sabiduría y su moderación. En vez del cayado, la flauta y sus harapos, vestía de púrpura cuajada de oro y llevaba en la cabeza un turbante lleno de pedrería. Su belleza eclipsaba cuanto de hermoso tenía la corte. Se hizo hábil para llevar los asuntos más delicados y mereció la confianza de su protector, el cual, conociendo el gusto exquisito por las magnificencias del Palacio, le dio un cargo muy respetable en Persia: guardar las pedrerías y muebles preciosos del príncipe.
Durante la larga vida del gran Schaj-Abbas, la privanza de Alibeo fue creciendo más y más. Y a medida que crecía en edad, más se acordaba de su antigua condición, y con frecuencia la deploraba. "



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