El tiempo de los trenes (fragmento)Fernando Fernán Gómez

El tiempo de los trenes (fragmento)

"La más noble función de un escritor es dar testimonio, como con acta notarial y como fiel cronista, del tiempo que le ha tocado vivir. Camilo José Cela.
Creían los cómicos, como acaso las gentes de otros oficios -pero esta especie de novela se refiere a los cómicos-, que cuando la guerra concluía llegaba la paz. Creían también que la "paz" era no inaugurar un tiempo nuevo, sino volver al tiempo de antes de la guerra.
Nuestros ingenuos amigos, los cómicos, saben muchas cosas porque las aprenden de las comedias que representan, pero ignoran muchas más, muchísimas, miles. Porque miles son las comedias que no representarán, por largas que sean, sus vidas.
Una de las cosas que no saben es si la repetición de la vida es posible o imposible. Ignoran que éste es un problema de alta y profunda filosofía. Repiten las comedias veces y veces, y por ello en el fondo de su consciencia creen que lo mismo se puede hacer con la vida. Que cuando acabe la guerra volverá aquel tiempo de la paz. Se repetirá aquel tiempo. Ellos, cómicos, actores, histriones, farsantes, farandules, hipócritas, ignoran que los filósofos llevan tiempo meditando sobre esto y aún no saben si la repetición es posible. O si es inevitable.
Sea lo uno o lo otro, los cómicos de cierta edad, no los adolescentes, acabada la guerra buscan en vano por los trenes, los escenarios, los camerinos, los cafés, un año 1937 que no encuentran. No lo encuentran ni en sus recuerdos.
Franco ha cambiado los nombres a los dos cafés más frecuentados por los cómicos en Madrid, el 'Lion d'Or' y la Maison Dorée. Ha prohibido los nombres extranjeros en los establecimientos. Como consecuencia, los dueños han cambiado la decoración de los locales.
Estos dos cómicos de antes de la guerra, Puerto y Soldevilla, se han citado allí.
Pero este café, que ahora se llama Lepanto, no es su café.
Aunque en él, después del cambio de nombre y de la reforma, se haya instalado ya Ortega, el agente teatral, no es su café; no, no lo es.
Pocos días después en la tertulia ya se reúnen seis o siete cómicos. Y acuden a diario si no tienen ensayo o si están parados. El café Lepanto, durante la posguerra, ya es el café de los cómicos. Los que no tienen dinero para la consumición pasean por la cercana calle de Sevilla. Como antes. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com