Viaje a Italia (fragmento)Leandro Fernández de Moratín

Viaje a Italia (fragmento)

"El Confalonier o Jefe del Senado se elige, de dos en dos meses, entre los nobles llamados Quaranta, aunque aquel cuerpo pasa de este número. Al tomar posesión, adorna su casa y la abre al público, recibe la enhorabuena del Colegio de España, que va en carroza dorada, llena de pelucones, golillas, becas y guantes; sale procesionalmente; una gran merienda, escoltada por los Suizos del Legado, destinada a que se la devoren o la vendan, y consiste en cuarenta o cincuenta mozos cargados de pirámides, urnas, jaulas, y otros armatostes, cubiertos de botellas, salchichones, tocino, pan, aves, frutas y algunas terneras y vacas, dorados los cuernos y adornadas de flores. Hay gran comilona para la nobleza; muchos tortellini, especie de macarrones, codegnini de Módena, embuchado, que se lleva tras sí los dedos, mucho vino de Cypro, Málaga y sorbetes. El populacho de birriquines aúlla entre tanto por la parte de afuera, hasta que se abren las ventanas, y empieza a caer sobre él una gran lluvia de panecillos, a que sigue después otra de dinero en monedas menudas, concluyendo la función con fuente de vino, del cual llenan a porfía cubetos y cacharros, con grandes voces, empujones, puñadas y garrotazos, que dan los alguaciles en los pucheros luego que están llenos, sin duda para mantener el orden público.
La fiesta de la Porchetta, que se celebra el día de San Bartolomé, es la más famosa de todas. Se hace una gran valla en la plaza, delante del Palacio del Legado, con algunas graderías, donde se acomoda la gente que gusta de ver más de cerca la función; fórmense en escuadrón o en ovillo, o en laberinto, las milicias de a caballo, acaudilladas por el capitán Giraldi, hombre de aquellos a quienes, si se les mira a la cara, no se les puede prestar, ni aun sobre prenda, seis maravedís. Su tropa es de lo más gracioso que en mi vida he visto, pero sería mucho episodio pintar la figura de los soldados, sus desastrados uniformes, sus armas y arreos, y, sobre todo, la flaqueza, la caducidad y derrengamiento de sus caballos, baste decir que, aunque no lo parecen, lo son en efecto, según me aseguró el citado Giraldi, hombre que no dirá una cosa por otra si le frieran vivo. Esta tropa y los alguaciles contienen los ímpetus del agitado vulgo. "



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