La petimetra (fragmento)Nicolás Fernández de Moratín

La petimetra (fragmento)

"Félix. Adiós, solo quedé; y ¡que haya hombre como yo que de lo que le pasó avergonzado no esté! ¡Posible es que me cegara tan pronto y de tal manera, que a tal mujer yo quisiera y por ella me prendara! Sin juicio estuve, por cierto, los sentidos tuve en calma, o yo tuve absorta el alma o el entendimiento muerto. Vivo afrentado y corrido, sólo de haberme engañado de un presupuesto fingido. ¿Yo a una tan loca mujer, tan sin juicio ni razón, me he de rendir con pasión y por mía he de querer? Recobremos lo perdido, que el todo no se perdió, pues aún tengo tiempo yo de enmendarlo arrepentido. Hombre soy, no es mucho que tan de pronto me engañara, pero aquí está el juicio para corregir lo que yo erré. Suele uno incauto mirar el engañoso oropel, y, enamorado de aquel falso lucir y brillar, oro fino lo imagina; pero ya más advertido conoce que no ha salido de tan excelente mina. Yo así, yo así me engañé, calidad la presunción, lo atrevido discreción incautamente juzgué. Su locura es conocida no sólo en Madrid, mas fuera, y yo sólo juzgué que era por su virtud aplaudida. Quiso la ignorancia mía más de Jerónima aquel engañador oropel que no el oro de María. Aquella modestia sí, aquel honesto mirar, aquel vergonzoso hablar sí que me ha hechizado a mí. Sin duda es Doña María quien me dio conversación, tapada en el espolón de Valladolid un día. Y ¡que tan ciego esté yo que no la haya conocido, ni el alma me haya advertido que entonces me enamoré! Y que yo desafiado saliese por la otra... ¡Oh, cielos!, de mí propio tengo celos por haberlo ejecutado, y aun es pesar grande el mío, y sin ponderación siento el que en mi arrepentimiento tuviese parte su tío. Para Don Damián es propia, pues yo estoy dudando cuál de los dos original es, o cuál de los dos copia. Goce el dote y su riqueza, pues mejor la suerte mía es si logro de María la honestidad y pobreza. Porque se debe escoger, por el vicio o por la fama, desenvuelta para dama y honesta para mujer. Habiéndole yo atisbado, fortuna me ayuda bien, porque su tío es a quien vengo yo recomendado. Si me doy a conocer sé que me agasajará, cuanto tenga me dará, y su huésped me hará ser. (Sale Martina.)
Martina. ¿Todavía no ha salido mi señora?
Félix. No, Martina.
Martina. Vaya, a mí me desatina lo que dura este vestido.
Félix ¿Qué te parece?
Martina. Señor, yo respondo que muy mal.
Félix De tus dos amas, ¿a cuál quieres más o es la mejor?
Martina ¡Jesús!, no me digas nada de eso, porque esta señora es mala trabajadora, presumida y entoldada, a todos tiene engañados con fingida presunción, pues dice que suyos son diez y siete mil ducados que son de Doña María.
Félix Esto no sabía yo, ahora digo que salió más feliz que suerte mía.
Martina Pues ¿que la queréis?
Félix. Yo sí.
Martina. También ella os quiere a vos.
Félix. Calla, Martina, por Dios, que no me engañes así.
Martina. No os engaño, en buena fe, proseguid y porfiad, y encontraréis verdad de la que os aseguré.
Félix. Pues dila que yo la adoro, que tenga piedad de mí, que a sus ojos me rendí, y que de ella amante lloro; y toma esta niñería para que puedas entrar en mi nombre a refrescar en una botillería. "



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