Ética aplicada: del aborto a la violencia (fragmento)José Ferrater Mora

Ética aplicada: del aborto a la violencia (fragmento)

"El único modo de explicar lo que parece ser una actitud ilógica o contradictoria es tratar de entender las circunstancias peculiares que implica un embarazo. El hecho más destacado, cuando menos en la fase presente del desarrollo tecnológico, es que el feto es una realidad absolutamente dependiente de la madre. Esta dependencia del feto es de carácter muy distinto de la dependencia de un niño. Este puede ser completamente incapaz de valerse por sí mismo, pero no depende de ninguna persona particular. Casi todo el mundo puede cuidar de un niño, y el hecho de que algunas gentes puedan hacerlo más hábilmente, o más tiernamente, que otras no elimina el hecho de que el niño no depende de una persona particular. Por otro lado, la dependencia del feto es «absoluta» en el sentido de que nadie salvo la madre puede asegurar su vida. Es obvio que una de las personas más íntimamente ligadas a la vida del feto, esto es, el padre, no puede cuidar del feto antes de su nacimiento, independientemente de lo mucho que el feto pueda importarle. En otras palabras, sólo la madre puede asegurar la persistencia vital del feto. La madre no puede «renunciar» al feto si no es matándolo, salvo tal vez en los casos excepcionales en que el aborto tiene lugar tan tarde en el desarrollo del feto que éste sigue vivo aun después del aborto. Creo que en estos casos se plantea un problema moral más fácilmente soluble.
¿Tiene la madre derecho a determinar el destino de lo que es ya un niño? Me parece que, al decidir abortar, la madre ha renunciado a esos derechos, y si otra persona, o el estado, desean criar al niño, la madre no debe impedirlo.
Previamente a la fase en que es viable, el feto exhibe la mencionada singular y única clase de dependencia. Algunas personas pueden alegar que este hecho es justa y precisamente lo que hace que la madre deba sacrificar su tiempo, o lo que sea, para seguir llevando al feto en su seno, ya que ella es la única persona que puede permitir que subsista. En otros términos, esta dependencia «absoluta», se dirá, acarrea consigo una obligación asimismo «absoluta»: la madre tiene que seguir llevando al feto en su seno. Ello es como decir: «Perfectamente: de un modo voluntario, o involuntario, has empezado con este feto en su camino para la vida, y, por consiguiente, es justo que sigas con él y que hagas todo lo necesario para que pueda continuar su existencia.» Por otro lado, algunos mantienen que no es justo que se obligue a una mujer a hacer con su cuerpo algo que no quiere hacer. Desde este punto de vista, obligar a una mujer a seguir llevando un organismo viviente que no quiere llevar parece ser algo así como una especie de esclavitud, una pérdida de autonomía, lo que, desde el ángulo moral, es estimado aborrecible. Podría compararse un embarazo obligado con un secuestro. Se considera inadmisible secuestrar a una persona aun si se hace con buenas razones o por motivos plausibles. Supongamos que un hombre recibe una herida en el curso de un asalto a un Banco y que su cómplice obligue a un médico, con una pistola en la sien, a tratar al herido. Se puede alabar al cómplice por su lealtad y simpatizar con él en su deseo de ayudar a su amigo, pero creo que seguiría siendo injusto obligar al médico a hacer algo contra su voluntad. La amenaza de referencia constituye una infracción contra la libertad del médico, aun si pensamos a la vez que un médico debería prestar ayuda a toda persona que lo necesitara. Por tanto, sólo en circunstancias muy especiales se puede forzar a una persona a hacer algo—especialmente algo concerniente a su propio cuerpo— que no quiera hacer. Por ejemplo, no se puede forzar a una persona adulta a recibir una transfusión de sangre o a sufrir la amputación de una pierna si la persona se niega a ello inclusive si es casi seguro que la persona va a morir sin la transfusión o la amputación. ¿Por qué? Porque se admite generalmente que los seres humanos deben gozar de libertad. Desde luego, es cierto que ninguna sociedad permite a sus miembros hacer lo que les dé la real gana; hay siempre limitaciones en la libertad de cada persona, especialmente si esta libertad es incompatible con el bienestar de alguna otra persona. Pero es verdad asimismo que las áreas en las cuales la sociedad impone menores restricciones en la libertad de cada cual se refieren al modo como se trata el propio cuerpo.
Ello se debe a que, si hay alguna «propiedad» de algo, es —si se me permite esta torpe expresión— «la propiedad del propio cuerpo». Sean cuales fueren las ideas que se abriguen respecto al llamado «problema de la relación entre la mente y el cuerpo», puede afirmarse que una persona posee su propio cuerpo. "



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