Amelia (fragmento)Henry Fielding

Amelia (fragmento)

"No bien se acaba de restaurar el orden y la decencia cuando se oyeron unos violentos golpes a la puerta, tan fuertes que habrían convencido a cualquiera no acostumbrado a ese sonido de que el loco había regresado en el momento más crítico de un ataque de furia.
Sin embargo, en vez de aparición tan desagradable, de inmediato entró a la habitación una dama muy elegante, que no era otra que la señora James, quien estaba decidida a demostrarle a Amelia, devolviéndole rápidamente su visita, cuán injustas habían sido sus acusaciones de que había faltado a los deberes de la amistad. Además, tenía otro motivo para darse prisa en visitar a su amiga, que era el de congratularla por el resultado del duelo entre el coronel Bath y el señor Booth.
La dama había sacado tanto provecho de la reconvención de la señora Booth que en esta ocasión no mostró nada de la formalidad y el estiramiento que desplegara la primera vez. Por el contrario, se condujo con la mayor libertad y buen humor, y se comportó de manera tan agradable que Amelia se sintió muy complacida y encantada con su compañía.
Durante la visita ocurrió un incidente que a algunos les puede parecer demasiado intrascendente para narrarlo. Sin embargo, como sin dudas tuvo un importante impacto en la mente del señor Booth, no nos decidimos a pasarlo por alto.
La pequeña Emily, quien permaneció en la habitación mientras se encontraba presente la señora James, y que se mantuvo cerca de esa dama, jugaba con su reloj, ya que le alegraba sobremanera que este hubiera escapado intacto del loco. La señora James, quien expresó su gran cariño por la niña, quiso ver el reloj, al que elogió diciendo que era el más lindo de su tipo que hubiera visto.
Amelia aprovechó rápidamente la oportunidad para cantar las alabanzas de su benefactor. Le informó de inmediato a la señora james el nombre del donante y prosiguió haciendo grandes encomios de la bondad, y en especial de la generosidad de su excelencia, a lo cual la señora James respondió:
-Oh, sin duda, señora, su excelencia tiene fama universal de ser extremadamente generoso... cuando quiere.
Al pronunciar esas palabras puso un gran énfasis en las dos últimas y las acompañó de un aire de saber mucho, una mirada de soslayo cargada de significado y unas rápidas sacudidas de su abanico.
El genio más insigne que ha producido la humanidad apunta en una de sus obras más soberbias que "bagatelas tan ligeras como el aire son para los celosos pruebas tan poderosas como las afirmaciones de las Sagradas Escrituras. "



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