Les jeunes croyances (fragmento)Jean Aicard

Les jeunes croyances (fragmento)

"Si crees que el desprecio me enardece cada día y mata en mí todo pensamiento, engullendo mi amor bajo el gélido odio, reflexiona, pues soy un aprendiz si fin, que puede ser humillado, pero que no necesita, como tú, dejarse arrastrar por la vergüenza, para crecer sigilosamente, casi de puntillas. Un impulso supremo me eleva, pero te advierto que podrías quedarte en medio, a pesar del amor, o bien, cuando éste sea más grande, te hará menos pequeña.
[...]
Somos dos infantes, dos almas; nuestros corazones se entrelazan y también nuestras manos. Tú, mujer, lloras, bendecida con la fuerza de la feminidad. Yo, más grave, asumo mi humanidad.
Vivimos, cantamos, damos limosnas. No pedimos ser amados. Y si ninguna estrella rutilante ilumina el camino, nuestros pies pisan con cuidado los escombros de la felicidad.
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¡Escucha mi voz, Virgen Santa!
Ayer, entre los ramos de flores de la pradera, cogí y trencé mi ofrenda floral, flor de cáliz turquesa que exhalaba un profundo perfume.
Mi querida madre dijo que el aroma del perfume celestial es robado por los ángeles y que sus temblorosas manos portan su corazón.
[...]
No pude conocerte, amado poeta. No tuve la oportunidad de contemplar tu noble rostro. ¿Dónde están las emanaciones divinas que germinan sin esfuerzo la semilla de Dios?
No pude conocerte, sin embargo siento que me iluminas y que en tu obra, poeta, puede contemplarse a menudo tu augusta faz.
¿Qué pasaría si un día, perdido entre la multitud, desconocedor de las leyes aleatorias que rigen nuestro destino, pudiera llegar a decir, ¡Eres tú!? "



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