Vospominaya (fragmento)Sergéi Aksakov

Vospominaya (fragmento)

"Mi condición iba de mal en peor. Los ataques eran más frecuentes y duraban más tiempo; perdí el apetito y cada día estaba más pálido y delgado, y también perdí mi entusiasmo por el estudio. Apenas me quedaban fuerzas sólo para dormir. Como la atenta mirada de Upadishevsky había notado que madrugar era perjudicial para mí, un día probó a no despertarme hasta las ocho, y todo ese día me sentí mucho mejor. Yevseitch me cuidó con la ternura de un padre. Kamasheff intentó otro método: me sermoneó severamente más de una vez, e incluso amenazó con castigarme si no me comportaba como un chico dispuesto a cumplir con mi deber. Mi enfermedad, dijo era sólo fruto de la imaginación de un niño mimado y un mal ejemplo para el resto. Por fin, dio la orden de que me trasladaran al hospital. Cuando mi madre se fue a Kazan por segunda vez, le hizo jurar a Yevseitch por lo más sagrado que le haría saber si me encontraba enfermo. Durante mucho tiempo se había estado debatiendo por cumplir su promesa, y habló de ello con Upadishevsky, pero el maestro lo convencía siempre para que permaneciera callado.
Ahora, sin embargo, decidió actuar por su propia cuenta y a través de uno de los sirvientes, logró escribir una carta en la que sin tomar precauciones y sin ceñirse a los hechos, informaba de que su joven maestro sufría de epilepsia y había sido trasladado a un sanatorio. No es difícil imaginar cómo esta carta cayó como un rayo en el ánimo de mis padres. El servicio postal era lento y la carta les llegó en el instante del deshielo de primavera, cuando las carreteras se hallaban en un estado inconcebible para la gente que vivía cerca de Moscú. A cada paso el viajero llegaba a lugares donde la carretera había sido arrasada, sometidos a las continuas ventiscas; lugares casi imposibles de atravesar para un carruaje. Pero nada pudo detener a mi madre. Ella comenzó los preparativos ese mismo día en Kazan, asistida por su devota Parasha y el joven marido de ésta, Téodor. Viajó día y noche en el trineo de un rudo campesino tirado por un caballo sin protección en los pies; la comitiva la formaban tres trineos, mientras que el cuarto estaba destinado al equipaje. Sólo disponían de los caballos que los campesinos habían podido suministrar. Era la única manera de poder seguir adelante, paso a paso, y aun así hubo de hacer frente a las heladas matinales, aunque por fortuna todo transcurriera a mediados del mes de abril. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com