Siempre tuyo (fragmento)Daniel Glattauer

Siempre tuyo (fragmento)

"24 de septiembre, siete de la mañana. Se enciende su radio despertador. Y ahora el tiempo. Ella se asusta. Baja presión. Se tapa la cabeza con la almohada. Negro sobre gris. ¡Deprisa!, ¡piensa en algo bonito, Judith!
Siete y dieciséis. Ya está lo bastante despierta para no querer despertarse. Ningún estímulo. Ningún motivo para abrir los ojos. ¿Qué echa de menos? ¿Echa de menos a alguien? ¿Echa de menos al hombre a su lado, el protector, el que siempre está ahí para ella? ¿El que la toma en sus brazos? El que la acaricia. El que la estrecha contra su pecho. El que la cubre con su cuerpo. El que la hace sentirse a sí misma, con mucha intensidad. El que la hace respirar fuerte. Respirar y temblar de alegría y emoción. ¿Echa de menos la emoción? ¿Ya no tiene ganas de nada? ¿Nada más que pensamientos oscuros, negro sobre gris?
Huye a la ducha. Agua caliente. El baño lleno de vapor. La puerta está cerrada. Nadie puede entrar. Se queda a solas consigo misma. En el espejo: treinta y siete años. Una mujer bonita con un rostro bonito. Un rostro bonito con feas arrugas de miedo. Cubrirlas con maquillaje. Estar en condiciones para trabajar. A la altura de la vida cotidiana. Venga, ponte ese horrible jersey marrón, nadie te descubrirá con él. Entra en los tejanos antes ajustados. Te cuelgan de las caderas como una bolsa vacía.
Siete y cuarenta y seis. Gruesa chaqueta verde de otoño. La mujer de pelo dorado sale de la casa. Mira a la izquierda. Mira a la derecha. Respira hondo. ¡Bien hecho, Judith! Te lo has quitado de encima. Te has librado de él. Puedes seguir adelante. No hay nada que temer. Estás completamente sola. Tienes que arreglártelas. Un día fresco, una vida fría.
Siete cincuenta y nueve. Genuflexión ante la tienda. Ella rebusca en su bolso negro. ¿Dónde está la llave? ¿Ella no la habrá...? ¿Él no la habrá...? La encuentra. Abre la tienda de lámparas. ¿Alguna sorpresa? ¡Nada! Respira hondo. Deprisa enciende todas las luces. La cafetera. El hilo musical. Se calienta los dedos entumecidos bajo la araña ovalada de cristal de Barcelona, la más hermosa de sus piezas. Allí empezó todo. ¿Lo recuerda? ¿Qué ha sacado de eso? ¿Qué ha sido de ella? De ella y de él. De él. ¿Adónde se ha ido su perseguidor? Ella lo siente, no puede estar lejos. Está dentro de ella. ¿Dónde la persigue? ¿Adónde lo sigue ella? ¿Quién fue el primero? "



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