Theo (fragmento)Daniel Glattauer

Theo (fragmento)

"A Billa van en coche. Le sacan de la sillita infantil para acomodarle en el carrito del súper; entre medias, sus pies ni siquiera llegan a pisar el suelo.
El viaje por entre los estantes es sin duda una de las mejores cosas que tiene el ir de compras. Si fuera por Theo, no quedaría ningún paquete en su sitio. La imagen más potente que tiene Theo de una visita a Billa consiste en vaciar por completo (con sus propias manos) todas las estanterías, poner la mercancía en carritos (conducidos por él mismo), transportarla hasta casa en contenedores gigantescos (bajo la vigilancia de Theo, por supuesto) y montar en la calle Josef Ressel un «Billa propiedad de Theo». La sección de dulces se alojaría en su habitación, los productos menos interesantes irían a parar al jardín y se emplearían en fines benéficos: reparto diario de abrillantadores a los viajeros que esperan en la parada del autobús; todas las latas de comida para perros se entregarían a «Es-Ben, no-hace-nada», así como las de Kitekat y Sheba; quizá le serían útiles para seducir a un par de gatos.
El segundo lugar en las visiones de Theo referidas al Billa lo ocupa una algo más modesta: va más allá de su codicia y consiste en adquirir una unidad de cada uno de los productos que allí se ofrecen. Por ejemplo: un paquete de azúcar en polvo, azúcar granulado, azúcar granulado fino, terrones de azúcar, harina de trigo refinada, harina de trigo integral, etcétera.
De vez en cuando Theo se ve atrapado por una tercera visión en la que compra todas las unidades de un producto concreto. Es lo que sucede, por ejemplo, cuando su mirada se queda enganchada en un bosque de cuellos y panzas de botellas rosas llenas de detergente para ropa delicada. En casa obligaría a uno de los pedagogos a limpiar delicadamente la bañera con el contenido de todas las botellas; seguro que queda divinamente y huele de perlas.
Pero permanezcamos en el terreno de la realidad, que ya es bastante delicada por sí sola. En ella, compran lo que necesitan. Así es que los esfuerzos de Theo se centran en necesitar lo máximo posible. Si le atrae un producto, le hace una seña al conductor para que se dirija rápidamente hacia él y efectúe una parada. (En realidad el conductor siempre avanza con rapidez durante unos centímetros y después efectúa una parada para volver a avanzar y parar; porque en eso consiste el recorrido por Billa).
Si el producto que le ha llamado la atención espontáneamente queda a su alcance, lo toma y lo deposita, como por casualidad, en el carrito. Mientras lo hace, intenta permanecer tan serio como los demás cuando añaden a su compra algo que les hace mucha falta; pretende evitar así las discusiones acerca de la necesidad o no del producto. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com