Viajes con Herodoto (fragmento)Ryszard Kapuscinski

Viajes con Herodoto (fragmento)

"A medida que me esforzaba por comprender algo de aquel texto, mi desánimo y mi desesperación crecían. De repente me sentí atrapado, cogido en un lazo. Atrapado por la lengua, que en aquel momento se me antojó como algo material, físico, como una corporeidad convertida en esa muralla que de pronto se levanta en medio del camino y no nos permite seguir adelante, que nos cierra el mundo vetándonos la entrada. Había algo desolador y humillante en aquella sensación. A lo mejor esto explica por qué el ser humano, cuando se topa con alguien o algo extraño por primera vez, experimenta sentimientos de miedo e inseguridad; por qué se eriza, alerta y lleno de sospecha y desconfianza. ¿Cómo será ese encuentro? ¿En qué acabará? ¡Más vale no arriesgarse, no salir del seguro capullo de lo conocido! ¡Más vale no sacar la nariz del ejido!
Tal vez mi primera reacción también habría sido la de huir de la India y regresar a casa si no hubiera sido porque mi billete de vuelta era válido para el barco de pasajeros Batory, que hacía la ruta entre Gdansk y Bombay, pero el barco no había podido llegar porque, a la sazón, el presidente de Egipto, Gamal Abdel Nasser, había nacionalizado el canal de Suez, a lo que Francia e Inglaterra respondieron con una intervención militar. Estalló la guerra, el canal fue bloqueado y el Batory quedó encallado en algún lugar del Mediterráneo. Así, cortada la posibilidad de dar marcha atrás, me vi condenado a la India.
Arrojado a aguas profundas, no estaba, sin embargo, dispuesto a ahogarme. Decidí que mi única salvación estaba en la lengua. Empecé a preguntarme cómo se las había apañado Herodoto con las lenguas durante su viaje por el mundo. Según Hammer, aparte del griego no conocía ninguna, pero como los griegos estaban entonces diseminados por todo el planeta -en cualquier confín tenían sus colonias, puertos y factorías-, el autor de Historia siempre podía contar con la ayuda de sus compatriotas, que le hacían de guías y de intérpretes. Además, el griego era la lingua franca del mundo de entonces; en Europa, Asia y África lo hablaba muchísima gente, como más tarde lo haría en latín, y luego en francés y en inglés. "



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