A la sombra de Dios (fragmento)Deborah Alcock

A la sombra de Dios (fragmento)

"El corazón de Rent latía violentamente mientras seguía al comandante. Estaba a punto de ver de nuevo el rostro de Majal -el rostro de aquél por cuya vida habría dado la suya gustosamente- y cada paso lo acercaba más y más a su ansiada presencia -era casi más de lo que podía soportar en ese momento.
El comandante se dirigió a la parte más retirada y estable de la prisión. Llegaron a la celda, sin guardián, sin barrotes y redujeron la puerta, cuya pesada reja emitió un sonido y el gélido ambiente de la sala abovedada hirió el corazón de Rent como si se hubiera adentrado en la región de los muertos.
Majal estaba sentado a la mesa, sus pies estaban cubiertos de cadenas, pero sus manos estaban libres, mientras que su raído abrigo suelto, que apenas cubría su cuerpo, ocultaba las huellas de su herida.
Se levantó cuando entraron en la celda y se inclinó ante el comandante. Incluso en medio de la oscuridad el joven rostro resplandecía, como si hubiera sido tocado por el dedo de Dios, exhibiendo una gracia y belleza que perdura todavía en la leyenda y la canción popular. No había signos de miedo, de temor; sólo una tristeza profunda y paciente. Daba la sensación de que hubiera estado toda la noche contemplando el rostro de un ser querido, un rostro muerto. Tal vez había estado llorando -lágrimas vertidas por un hombre valiente- por los demás. A Majal le parecí algo de lo más natural que el pastor entregara la vida por sus ovejas. Pero que las ovejas murieran por su pastor era algo extraño -una amarga e inesperada angustia. "



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