La tía Elsa y Cuis (fragmento)Claribel Alegría

La tía Elsa y Cuis (fragmento)

"La tía Elsa nunca pudo tener hijos y su marido le regaló a Cuis cuando el perrito apenas tenía dos semanas. Lo destetaron prematuramente y hubo que criarlo con biberón. Dormía en una cesta llena de cojines y bolsas de agua caliente alrededor. Cuando la tía Elsa se enfermó él se quedó a su lado. Apenas salía al patio para hacer sus necesidades. Comía junto a su cama, y a pesar de las recomendaciones del médico, ella lo escondía entre sus sábanas y dormía con él.
—Lo quiere más que a mí —decía con rabia Rodolfo, que no se daba cuenta de la gravedad de su mujer.
Cuis, por el contrario, sabía perfectamente que algo andaba muy mal. Tres días antes de la muerte de Elsa, cuando ya no podía hablar porque el croup le había cerrado la garganta, el perrito rehusó abandonarla. En vez de saltar de la cama como siempre hacía cuando el médico llegaba, se deslizaba hasta los pies de su ama y ahí se quedaba quietecito.
—Está gravísima —le dijo el médico a Rodolfo una mañana—. Ha entrado en coma.
Cuis se deslizó hasta la cabecera de la cama y lamió el rostro de su dueña.
—Perro de mierda —dijo Rodolfo y lo empujó hacia el suelo—. Será mejor que se lo lleve a su casa —se dirigió a Mamá Chon.
Ese mismo día ella se lo llevó y lo mantuvo encerrado. Cuando Elsa murió en la policlínica, tres días más tarde, Cuis pareció adivinarlo. Estuvo más de 48 horas sin querer comer. Durante las semanas siguientes pasaba metido debajo del sofá y por más cucarachas voladoras que hubiera en el corredor, él no se movía.
—Hay que irlo a buscar por el vecindario —le dijo Mamá Chon a la muchacha de adentro.
—Ya anduve por todos lados —dijo ella—, nadie lo ha visto. Si lo hubiera matado un carro ya nos habrían avisado.
—Es rarísimo —dijo Mamá Chon—, primera vez que se me escapa, —y llamó a la perrera y también llamó a los periódicos para ofrecer una gratificación.
Al día siguiente, el perrito no había aparecido. Mamá Chon y Luisa fueron al mercado a comprar flores para llevarle a la tía Elsa que cumplía un mes de muerta.
—Es terrible cómo crece la hierba —dijo Mamá Chon, mientras se aproximaba a la tumba—, voy a tener que cambiar de jardinero.
El mausoleo de la familia quedaba lejos de la entrada y era muy parecido a todos los demás. Tenía una cruz de mármol blanco y encima de todo, había un ángel. Luisa se adelantó para abrir la verja.
—Mamá Chon, Mamá Chon —empezó a gritar—, mire quién está aquí.
Sobre las flores marchitas, ahí en el mismo sitio donde la tía Elsa había sido enterrada, estaba Cuis, rígido, con sus cuatros patitas levantadas al cielo. "



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