La cruz del túnel (fragmento)Eusebio Blasco

La cruz del túnel (fragmento)

"Tor. ¡Pero eso... no era leal!
Gab. ¿Por qué no? Serví a la sociedad sirviéndome a mí. ¿Con que se publican con mil detalles los robos en despoblado y los asesinatos célebres y hay que ocultar que una persona conocida, como suele decirse, le ha dado una letra falsa a un comerciante y se ha jugado el dinero? Publiqué el hecho y el mundo conmigo le dijo a María: -Ése, con quien quieres casarte, es un hombre indigno de ti.
Tor. No le querría mucho, o acaso obedeció a su padre.
Gab. Enseguida comenzamos unas relaciones tranquilas, honradas, un año de amores íntimos, respetuosos, a la vista de los padres, sin novelas ni romanticismos, ni violencias porque la vida no debe ser novela ni drama, y el matrimonio, menos.
Tor. Usted lo creerá así, pero nada hay más dramático que la realidad, un gran poeta lo ha dicho.
Gab. Los poetas dicen muchas tonterías, pero yo le digo a usted que las pasiones violentas son enfermedades, ataques morales. Todo matrimonio producto de una pasión de esas que dan que hablar acaba mal. Sucede como con los trenes. No habrá usted visto que ningún tren salga de la estación a toda máquina, rompiendo agujas, atropellando al personal, disparado. Sale poco a poco, al paso, va tomando vapor, pasa las agujas, aumenta en rapidez, y ya fuera de disco, se lanza a la carrera, que es su vida normal, y aunque lo parece no es carrera vertiginosa, sino impulsión creciente, rozamiento, calor, costumbre y fuerza adquirida, la marcha regular, reglamentaria, al minuto, para llegar exactamente a la hora fija, al punto de destino. ¡Y todo lo que no es eso, es como en la vida, choques, descarrilamientos, catástrofes, desolación y muerte y ruina.
Tor. (Levantándose. Paseando agitado.) ¡No! usted habla como hombre feliz y satisfecho, como el que no ha tenido nunca penas. La vida no es eso, la vida es toda sorpresas, nadie puede decir que no será un día desgraciado; las pasiones no se evitan, caen como el rayo en el fondo de los corazones... en plena dicha, sépalo usted, surge una catástrofe, eso que se llaman cosas de la vida... Porque hay algo que no se puede combatir, que ninguna energía puede detener, y ese algo es... otro tren, que viene enfrente del que va haciendo su marcha regular, y choca con él... una venganza con la que no se contaba, un enemigo que estaba oculto, un amor que dormía y despierta, sorpresas, sucesos de repente... cosas... Lo inesperado... Una reprensión que ofende produce un enemigo, una palabra ofensiva un duelo a muerte, una mirada de fuego un adulterio. El más joven y más feliz muere de repente de un aneurisma, de una congestión, de una mala noticia; pues también hay muertes repentinas para la felicidad, porque las grandes desdichas vienen de pronto como las tormentas en el mar, en este mar revuelto de la vida, no, no basta querer ser dichoso. "



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