La bendición (fragmento)Edgar Brau

La bendición (fragmento)

"El Presidente toma el arma, la examina, la aprueba, y luego, mientras comienza a caminar en torno del edificio, dispara hacia arriba con ella. Regulares, casi cronometradas son las pausas entre disparo y disparo, y el Presidente sólo se detiene para que el edecán cargue el arma una vez que su tambor se ha vaciado.
Cuando suena el primer tiro, la gente más humilde sale al patio de sus casas o a las veredas y permanecen allí, aguardando. Aquellos que tienen hijos acomodan un banco y hacen que los niños se sienten en él, al aire libre. Los lisiados, a su vez, que para evitar cualquier retraso se han instalado en sus lugares un rato antes, matizan la experiencia con el recitado en voz baja de ciertas plegarias propiciatorias. Y cuando un rato después los disparos cesan, todos empiezan a preguntarse quién será el afortunado que logró ser herido por el Presidente...
Y sin embargo... no hace mucho la población todavía se atemorizaba cuando comenzaban los disparos (que al parecer servían para que el Presidente se relajara y pudiera dormir en las noches) y nadie se atrevía a salir a la calle por temor de ser “bendecido por una bala del Presidente”, como se decía entonces entre sonrisas. Pero una noche, en un descuido de sus padres una niña salió al patio de su casa, curiosa por las detonaciones. Al rato su madre notó la ausencia y corrió a buscarla. Ya era tarde; la niña yacía en el suelo, sangrando. No estaba muerta, sin embargo, ya que el proyectil le había dado en un brazo. Era gente humilde; llevaron a la niña a un hospital y solamente reclamaron su atención. Pero aun así la noticia acabó por llegar hasta el Presidente mismo. Y entonces, un buen día un enorme automóvil negro se estacionó frente a la casa de la niña, y enseguida ésta y sus padres bajaron del asiento de atrás, sonrientes y cargados de paquetes; la chica llevaba un brazo vendado, pero su aspecto era saludable. "



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