Sula (fragmento)Toni Morrison

Sula (fragmento)

"Pasó todo el verano con la bola gris, la bolita de piel y cordeles y pelo continuamente suspendida junto a ella bajo la luz, pero sin verla nunca porque nunca la miró. Pero eso era lo terrible, el esfuerzo que tenía que hacer para no mirar. Pero seguía allí de todos modos, justo a la derecha de su cabeza y tal vez un poquito más abajo, junto a su hombro. Por eso, cuando los niños fueron a ver una película de monstruos y dijeron: «Mamá, ¿por qué no duermes con nosotros esta noche?», dijo que sí, que de acuerdo, y se metió en la cama con los dos niños, que estaban encantados, y con la niña, que no lo estaba. Durante largo tiempo fue incapaz de no acostarse con los niños y cada vez se decía que podían soñar con dragones y necesitarían que estuviese allí para consolarles. Era agradable pensar en sus sueños de miedo y no en una bola de piel. Tenía incluso la esperanza de que se le contagiaran sus sueños, ofreciéndole el maravilloso alivio de una pesadilla que le permitiera abandonar su permanente temor a volver la cabeza para acá o para allá y, entonces, verla. Eso era lo que le daba miedo: verla. No se abalanzaba sobre ella; nunca se le acercaba ni intentaba golpearla. Se limitaba a permanecer allí suspendida para que la viera, si quería, y, oh Dios mío, para que la tocara, si quería. Pero ella no quería verla, nunca, porque, si la veía, podía llegar a tocarla, o a querer hacerlo, ¿y qué ocurriría entonces, si llegaba a alargar la mano y la tocaba? Probablemente moriría, pero nada peor que eso. Morir no le importaba, porque era como dormir y no había bolas grises después de la muerte, ¿o sí? ¿O sí las había? Tendría que preguntárselo a alguien, a alguna persona en quien pudiera confiar y que supiera muchas cosas, como Sula, pues Sula lo sabría o, si no lo sabía, diría alguna cosa graciosa que la tranquilizaría. Oh no, Sula, no. Ahí estaba, metida en ese asunto, detestándolo, temiéndolo, y volvía a pensar en Sula como si todavía fuesen amigas y se contasen las cosas. Era demasiado.
Haber perdido a Jude y no tener a Sula para poder hablarlo, porque había sido por Sula que él la había dejado.
Ahora sus muslos estaban realmente vacíos. Y fue entonces cuando comprendió el sentido de lo que habían dicho esas mujeres cuando hablaban de no volver a mirar a otro hombre, pues la clave, el meollo de lo que habían dicho, estaba en la palabra mirar. No se trataba de prometer no hacer nunca más el amor con otro hombre, ni de negarse a casarse con otro hombre, sino de prometer y comprender que jamás podría volver a arriesgarse a mirar, a ver y aceptar el perfil de su cabeza en el aire o a ver lunas y ramas de árbol enmarcadas por sus cuellos y sus hombros... No volver a mirar jamás, porque ahora no podía arriesgarse a mirar y, además, ¿para qué? Porque ahora sus muslos estaban realmente vacíos y también muertos, y era Sula quien les había arrebatado la vida y Jude quien le había destrozado el corazón y entre los dos la habían dejado sin muslos y sin corazón; sólo con su cerebro, que no paraba de dar vueltas. "



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