Noches lúgubres (fragmento)José Cadalso

Noches lúgubres (fragmento)

"Justicia.- Ya estamos en la cárcel.
Tediato.- Sepulcro de vivos, morada de horror, triste descanso en el camino del suplicio, depósito de malhechores, abre tus puertas; recibe a este infeliz.
Justicia.- Este hombre quede asegurado; nadie le hable. Ponedle en el calabozo más apartado y seguro; doblad el número y peso de los grillos acostumbrados. Los indicios que hay contra él son casi evidentes. Mañana se le examinará. Prepáresele el tormento por si es tan obstinado como inicuo. Eres responsable de este preso, tú, carcelero. Te aconsejo que no le pierdas de vista. Mira que la menor compasión que para con él puedes tener es tu perdición.
Carcelero.- Compasión yo, ¿de quién? ¿De un preso que se me encarga? No me conocéis. Años ha que soy carcelero, y en el discurso de ese tiempo he guardado los presos que he tenido como si guardara fieras en las jaulas. Pocas palabras, menos alimento, ninguna lástima, mucha dureza, mayor castigo y continua amenaza. Así me temen. Mi voz entre las paredes de esta cárcel es como el trueno entre montes. Asombra a cuantos la oyen. He visto llegar facinerosos de todas las provincias, hombres a quienes los dientes y las canas habían salido entre muertes y robos... Los soldados, al entregármelos, se aplaudían más que de una batalla que hubiesen ganado. Se alegraban de dejarlos en mis manos más que si de ellas sacaran el más precioso saqueo de una plaza sitiada muchos meses; y todo esto no obstante..., a pocas horas de estar bajo mi dominio han temblado los hombres más atroces.
Justicia.- Pues ya queda asegurado; adiós otra vez.
Carcelero.- Sí, sí; grillos, cadenas, esposas, cepo, argolla, todo le sujetará.
Tediato.- Y más que todo mi inocencia.
Carcelero.- Delante de mí no se habla; y si el castigo no basta a cerrarte la boca, mordazas hay.
Tediato.- Haz lo que quieras; no abriré mis labios. Pero la voz de mi corazón..., aquella voz que penetra el firmamento, ¿cómo me privarás de ella?
Carcelero.- Éste es el calabozo destinado para ti. En breve volveré.
Tediato.- No me espantan sus tinieblas, su frío, su humedad, su hediondez; no el ruido que han hecho los cerrojos de esa puerta, no el peso de mis cadenas. Peor habitación ocupa ahora... ¡Ay, Lorenzo! Habrás ido al señalado puesto, no me habrás hallado. ¡Qué habrás juzgado de mí! Acaso creerás que miedo, inconstancia... ¡Ay! No, Lorenzo; nada de este mundo ni del otro me parece espantoso, y constancia no me puede faltar, cuando no me ha faltado ya sobre la muerte de quien vimos ayer cadáver medio corrompido. Me acometieron mil desdichas: ingratitud de mis amigos, enfermedad, pobreza, odio de poderosos, envidia de iguales, mofa de parte de mis inferiores... La primera vez que dormí, se figuró que veía el fantasma que llaman fortuna. Cual suele pintarse la muerte con una guadaña que despuebla el universo, tenía la fortuna una vara con que volvía a todo el globo. Tenía levantado el brazo contra mí. Alcé la frente, la miré. Ella se irritó; o me sonreí, y me dormí; segunda vez se venga de mi desprecio. Me pone, siendo yo justo y bueno, entre facinerosos hoy; mañana tal vez entre las manos del verdugo; éste me dejará entre los brazos de la muerte. ¡Oh muerte!, ¿por qué dejas que te llamen daño, el mayor de ellos, el último de todos? ¡Tú, daño! Quien así lo diga, no ha pasado lo que yo. "



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