Cristo se paró en Eboli (fragmento)Carlo Levi

Cristo se paró en Eboli (fragmento)

"Nunca he llegado a saber quién fue el autor; acaso no fuese uno sino varios, el conjunto de los actores. Las bromas que recitaban se referían al problema que agitaba sus ánimos en aquellos días, pero la diplomacia campesina hacía, sí, que las alusiones no fueran nunca demasiado directas y que resultasen comprensibles y penetrantes, sin que llegaran a ser peligrosas. Y, sobre todo, más allá de la sátira y de la protesta, el gusto por el arte los había arrastrado. Cada uno vivía, en verdad, su papel. La llorosa madre parecía una desesperada heroína de tragedia griega o una María de Iacopone; el enfermo ofrecía con realismo el rostro de un moribundo; el negro charlatán extraía la sangre del corazón con un placer feroz; el romano era un horrible monstruo, un dragón estatal; y el coro asistía y hacía comentarios con desesperada paciencia. ¿Era aquella especie de esquema clásico el recuerdo de un arte antiguo, reducido pobremente al residuo de un arte popular o también un espontáneo, original renacer, un lenguaje natural en estas tierras en las que la vida es toda una tragedia sin teatro?
(…)
Cristo nunca llegó hasta aquí. Ni llegó el tiempo, ni el alma, ni la esperanza, ni las causas ni sus efectos, ni la razón, ni la historia... nadie llegó a estas tierras sino como conquistador enemigo o visitante incomprensivo. Las estaciones pasan sobre el cansancio de los campesinos como hace tres mil años antes de Cristo. En esta tierra oscura, sin pecado y sin redención, donde el mal no es moral pero un dolor profundo vive en cada cosa, Cristo no ha descendido aquí.
(…)
Pasaron muchos años.... Años llenos de guerra y de lo que se suele llamar historia. Empujado de aquí para allá, a la aventura, no pude cumplir con mi promesa, dejando a mis campesinos sin volver a buscarlos. Y ya no sé si alguna vez la cumpliré. Hoy, encerrado en esta habitación, me es grato volver con la memoria a ese mundo cerrado, acorralado entre el dolor y el sufrimiento, negado a la historia y al Estado. Y siempre... paciente. Esa tierra mía, sin consuelos, sin dulzura, donde el campesino vive entre miserias y lejanías su inmóvil civilidad, sobre un suelo árido, sin otra presencia que la de la muerte. "



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