Aventuras de una peseta (fragmento)Julio Camba

Aventuras de una peseta (fragmento)

"Llevo ya unos cuantos días en Roma. He visto el Foro, he visto el Panteón, he visto las termas de Diocleciano y de Caracalla, he visto la columna de Marco Aurelio, y, sin embargo, no me doy importancia ninguna. Si todos estos restos de la Roma antigua fuesen de cartón pintado, no me producirían una impresión más teatral de la que me producían siendo verdaderos. La Roma antigua, en resumidas cuentas, venía a ser una cosa así como lo que ha pretendido ser Berlín. Edificios enormes, columnas gigantescas, estatuas formidables, emperadores artistas que se creían hijos de Dios y que tocaban la lira o la guitarra. Por todas partes el deseo de asustarle a uno echándole encima bloques y más bloques de mármol. La obsesión constante de la fuerza. La cantidad. El colosalismo... Y si el recuerdo de la Roma antigua persiste a lo largo de tantos siglos, cuando en sólo unos cuantos años ya se está borrando la memoria del Berlín imperial, ello se debe, entre otras cosas que todos saben, al hecho de que Roma no conoció el cemento armado. Si hubiese conocido el cemento armado y hubiese construido con él, ¿qué quedaría hoy de su grandeza clásica?
Antes los romanos eran altos, fuertes y llevaban la cara afeitada. Hoy son pequeños y bigotudos, con esos bigotes echados hacia arriba que todos hemos visto en los retratos de Umberto Primo. Y no creo que al pasearse entre las ruinas de la Roma antigua, los romanos actuales se sientan mucho más identificados con ella de lo que puede sentirse un corista circulando entre bastidores durante una representación de Julio César. Por lo que respecta al espectador, es posible que un Julio César bien representado le dé una mayor impresión de la Roma antigua que la que pueda recibir yendo a la Roma moderna. En el teatro, las columnas de cartón parecen de mármol. En Roma, las columnas de mármol parecen de cartón. La Roma teatral puede parecerle a uno verdadera; pero la Roma verdadera le parece a uno una cosa puramente teatral.
Y he aquí cómo, a pesar de haber visto el Foro y el Panteón y las termas de Diocleciano y de Caracalla y la columna de Marco Aurelio, yo no me doy importancia ninguna. "



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