Las sandalias del pescador (fragmento)Morris West

Las sandalias del pescador (fragmento)

"En las heladas horas entre la medianoche y el alba, George Faber permanecía despierto, luchando con su nueva situación. A su lado, saciada y tranquila, Chiara dormía como un niño. En todos aquellos meses de amor, nunca había experimentado una pasión tan tumultuosa, un abandono semejante al de esa noche. Todos sus sentidos se exacerbaron, todas las emociones surgieron y se apagaron en una culminación de unión tan intensa, que la propia muerte pareció hallarse a sólo un suspiro de distancia. Jamás se había sentido tan hombre. Nunca se mostró Chiara tan generosamente, mujer. Nunca había sucedido tan rápidamente la palabra a las efusiones de ternura y a los transportes del deseo... Nunca en su vida se había sentido tan súbitamente abrumado por la tristeza del después.
En cuanto terminaron de hacer el amor, Chiara dejó escapar un leve suspiro de satisfacción, enterró el rostro en la almohada y se quedó dormida. Fue como si lo hubiese abandonado sin previo aviso y sin despedida para embarcarse en un viaje privado; como si habiendo alcanzado los límites del amor, se le dejase solitario para hacer frente a la oscuridad y los terrores de la noche sin fin.
Los terrores fueron más reales de lo que lo habían sido jamás. Alguna vez, en alguna forma, era preciso pagar un placer de tal intensidad. Y sabía, sin género de duda alguno, que sería él quien pagaría. Lo que aquella noche sintió fue un florecimiento primaveral que podría no repetirse, porque su vida se acercaba al fin del verano, al fin de la cosecha, y el recaudador esperaba en la puerta para reclamar su parte.
Para Chiara, la vida era aún su deudora. El pago se había demorado en exceso, y su cuerpo estaba ávido del tributo. Para él, que había traspasado ya la línea de los cuarenta años, el caso era muy distinto. Sabía dónde se ocultaban los rótulos con los precios. Conocía la necesidad que seguía a la viva satisfacción del acto de unión: el ansia de continuidad, la necesidad de hijos nacidos de la semilla derrochada en la lujuria o el amor, la necesidad de un puerto tranquilo y de una mañana de sol tras las tormentas de la noche.
Mientras George meditaba así, Chiara se agitó y se volvió hacia él en busca de su tibieza. Era un gesto ejecutado en sueños, pero más elocuente que las palabras. Hasta su matrimonio con Calitri, Chiara había estado siempre protegida: por padres ricos y afectuosos, por monjas cariñosas, por las tradiciones de su clase. Al fracasar su matrimonio, Chiara encontró otro refugio, y ahora acudía a reposar contra su pecho buscando olvido entre sus experimentados brazos. Mientras George la sujetase en ellos con fuerza, protectoramente, Chiara permanecería a su lado. Pero en cuanto sus brazos aflojaran o su valor disminuyese, se deslizaría hacia otro refugio.
Lo extraño era que Chiara no veía la injusticia de este trato. Había dado a George su cuerpo, su reputación; ¿qué más podía pedirle? Y si George se lo hubiese dicho, no habría comprendido. Casada y madre, Chiara llegaría finalmente a la madurez, pero en su posición actual sería siempre la mujer-niña, en parte encantada con la aventura, en parte temerosa de sus consecuencias, pero sin comprender que la deuda de amor no se pagaba totalmente con la moneda de su carne.
Para la mujer, el delirio amoroso de aquella noche, magnífico, agotador y maravilloso, había sido también una especie de fuga; y George era demasiado viejo, demasiado sabio o demasiado calculador para acompañarla. Instintivamente se volvió, la rodeó con sus brazos y la atrajo hacia él, preguntándose al hacerlo por qué la milagrosa unidad de la carne debía durar tan breve tiempo, y por qué, finalmente, los amantes permanecen tan a menudo y durante tanto tiempo como islas en un mar oscuro. La mano inerte de Chiara se atravesaba sobre su cuerpo, sus cabellos rozaban sus labios, su perfume lo rodeaba. Pero el sueño no acudía, y George repasó una y otra vez la charla que ambos habían mantenido mientras cenaban, cuando repitió a Chiara el consejo de Campeggio, y le explicó adónde podría llevar a ambos este consejo. "



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