Amigos y amantes (fragmento)Iris Murdoch

Amigos y amantes (fragmento)

"Se oyó un alto y estrepitoso ruido en el piso superior, seguido de largos quejidos.
Mary, con ciertos sentimientos de culpabilidad, arrojó sobre la mesa del vestíbulo el ejemplar de la Revista de platillos volantes, propiedad de Henrietta, que había estado hojeando, y subió las escaleras saltando los peldaños de dos en dos.
La escena que vio en el dormitorio del tío Theo era más o menos tal como Mary había imaginado. Theo estaba sentado en la cama, con aspecto un tanto avergonzado y sosteniendo a Mingo en brazos. Casie lloraba e intentaba extraer un pañuelo del bolsillo del delantal. La bandeja con el servicio de té estaba en el suelo, y a su alrededor, así como encima de la propia bandeja, había fragmentos de loza quebrada, pan y mantequilla, y un pastel aplastado. La alfombra no había sufrido daños, debido a que el suelo del dormitorio del tío Theo estaba siempre cubierto de una gruesa capa de periódicos viejos, sin que faltaran prendas de ropa interior, por lo que el té había quedado ya absorbido por aquella porosa capa.
-¡Casie, por favor, deja ya de llorar! -dijo Mary-. Anda, ve abajo, y vuelve a calentar agua. Yo me encargaré de limpiar eso. Anda, en marcha.
Casie se fue, sin dejar de gemir.
-¿Qué ha pasado? -preguntó entonces Mary.
-Casie ha dicho que era una pobre bestia, vieja e inútil, yo le he dicho que estaba en lo cierto, y Casie ha tirado la bandeja al suelo.
-Theo, no debieras atormentar a Casie como lo haces. Siempre estás igual. Te portas muy mal con ella.
Mingo había saltado al suelo, e investigaba los restos de la catástrofe. Los lanudos mechones de pelo enhiesto a uno y otro lado del hocico parecían mostachos, y ahora los pasaba por los fragmentos de loza. La nariz húmeda y rosada temblaba mientras el perro sacaba la lengua, y, muy delicadamente, cogió una delgada porción de pan con mantequilla. Theo dijo:
-No dejes que Mingo se coma el pastel. Parece sabroso, y te aseguro que pienso comérmelo. ¿Te molestaría ponerlo encima?
Y ofreció a Mary una hoja de periódico. Mary recogió los mayores fragmentos de pastel y los puso en la hoja de periódico. Luego, mientras su nariz temblaba de forma parecida a la de Mingo, recogió los desperdicios en la bandeja. El dormitorio del tío Theo, que él rara vez permitía limpiar, ofrecía un superficial olor a medicinas y desinfectantes, y otro olor, más profundo, a pesado sudor humano. En opinión de los mellizos, ese olor a rancio era la base de la afinidad existente entre el tío Theo y Mingo. Mary había llegado a creer de un modo un tanto vago en la verdad de esta teoría, pese a que creía que aquel aroma era más una espiritual emanación del emparejamiento entre hombre y perro que algo debido a causas puramente físicas. "



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