Enseres de ortopedia inútil (fragmento)Harkaitz Cano

Enseres de ortopedia inútil (fragmento)

"Los cueros siempre traen problemas, pensó Sol. El horizonte era de color café con leche. El sol se iba. Sol suspiró, expulsando la última bocanada de humo del cigarrillo, dibujando con él anillos ovalados.
-Ahora mismo voy.
La número trece era una de las pocas casas del barrio que tenía la verja pintada. Se trataba de una casa modesta, sí, pero comparada con las restantes del barrio no lo era tanto. Se notaba a primera vista que, en su simplicidad, era una de las más dignas y aparentes del barrio. Incluso la hierba estaba recién cortada. A pesar de que ya anochecía, Sol distinguió desde lejos tres figuras en el umbral de la casa: la señora García -Lula, Matusa, Matusalén o como quiera que se llamara aquella fulana-, una mujer de unos cuarenta y ocho años, aún atractiva, su hijo Gabi, con la cabeza gacha; y una tercera persona que sin duda debía ser el muchacho al que Gabi había robado el balón, junto a su madre. En apariencia, era mayor que Gabi y Sol calculó que tendría unos trece años. Tres más que su hijo.
-¿Tienes algo que decir, Gabi? -el hijo continuó en silencio, cabizbajo, como si estuviera buscando lombrices-. Realmente me avergüenzas delante de los demás, hijo. Y no es la primera vez. Pero juro por las cenizas de mi padre que ésta será la última. Vamos a acabar ahora mismo con este asunto. Devuélvele inmediatamente el balón a tu amigo.
-Pero... yo no tengo ningún balón, papá.
-¡Otra vez mintiendo! -el padre reprendió severamente a su hijo, sacudiéndolo por los hombros hacia un lado y otro-. Será mejor que le devuelvas el balón cuanto antes, si no, voy a hacer carbón contigo, demonio de niño. Perdone, señora García -al dirigirse a la mujer bajó al mismo tiempo un escalón y el tono de voz-, pero si ese balón no aparece, le aseguro que yo mismo le pagaré uno, ya se lo haré pagar después a este diablo. ¿Cómo era el balón?
-¡De cuero! -era la primera vez que el muchacho hablaba, tímido, sin atreverse a levantar la mirada. Tenía unas inmensas pestañas y, como miraba al suelo, a Sol le pareció que era una mirada abatida capaz de barrer las hojas. El muchacho no parecía muy feliz. Tras un tenso silencio pronunció otra frase, como dudando-. Era de reglamento. Nuevo. Y de cuero. Sobre todo era de cuero.
Los cueros siempre traen problemas, volvió a pensar Sol mirando a Lula, y en esta ocasión, una pequeña sonrisa afloró a sus ojos. "



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