Los palabristas (fragmento)Bohumil Hrabal

Los palabristas (fragmento)

"Algunas manchas son imposibles de sacar sin dañar el tejido.
En un atardecer rojo -dorado fluía por una taberna un canto de hombres subrayado por un tambor y un acordeón. En la penumbra de unas lilas unas sombras de mujeres iban arriba y abajo. Y contra el horizonte de ámbar se alzaba una pared de cementerio.
Dos mujeres trajeron unas escaleras de mano y, a través de unas cortinas, se pusieron a mirar el interior del local.
-Bozka, ¿puedes ver si el tuyo va muy trompa?
-¡Y lleva su abrigo nuevo! ¡Ah! ¡Esos canallas! ¿De dónde sacan esos modales aristocráticos?
Y del pasillo de la taberna salió una mujer sujetándose la mejilla.
-¡Un año después de la boda, y vaya!, ¡que bofetada! - dijo.
-¿Ha ganado alguien un millón? - preguntó el agente Tonda Uhde.
Una mujer descalza que llevaba una escalera dijo:
-¡Se nota que usted no es de aquí! Nuestros hombres han organizado una fiesta.
-¡Dios mío! - gritó una mujer que se había subido al cuadro de una bicicleta, el mío se está gastando tanto dinero que durante un mes de nuevo los niños podrán comer sólo pan con mantequilla o mermelada.
-¿Dónde va con esa escalera? - preguntó Tonda.
-A la pared del cementerio. A fisgar.
-¿Podría subir yo, también?
-¿Y quién es usted?
-Soy un agente de seguros.
-Encantada. Yo soy la jefa de los viveros de peces en los estanques del príncipe. - Hizo una reverencia, y se oyó los pasos de sus pies descalzos.
-¿No se pincha, usted?
-No, no me pincho. Voy descalza incluso por el rastrojo - dijo la jefa apoyando la escalera, luego se subió al muro.
-Siéntese a mi lado - dijo la mujer -. Y vamos a ver el interior de la taberna. Allí, bajo el espejo, solía sentarse el señor príncipe, y miraba por encima de esa pared, y mirando el cementerio le venía la sed. Y todos lo aprendieron de él. Cuando en casa un hombre empieza a decir, ¿Qué es lo que hacemos en este mundo? Hoy estamos aquí y mañana podemos estar detrás de aquel muro, entonces su mujer se pone a llorar, porque el señor príncipe decía lo mismo, y después, en la taberna, pagaba todas las rondas.
-¡Sería un gran señor! - Sonrió Tonda.
-¡No puede ni imaginárselo! Una vez que iba montado a caballo, saltó por la ventana de la taberna con la montura, y pidió una copita de aguardiente y salió montado en el caballo. Bohous Karásek lo quiso imitar, pero con la frente se dio contra el marco de la ventana... Está enterrado allí... - Señaló la jefa.
Después empezaron a mirar hacia el interior de la taberna donde unos hombres bronceados y con las mangas de la camisa arremangadas levantaban sus manos, gritaban, se cogían por la cintura, se miraban largamente a los ojos, se besaban a la manera antigua, se felicitaban, uno se subía a la espalda de otro, se daban golpecitos en los hombros, y con un paso titubeante se acercaban a la barra. "



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