Rey de las ratas (fragmento)James Clavell

Rey de las ratas (fragmento)

"Mac dispuso la mosquitera sobre su cama y la sujetó por debajo del colchón. Se enrolló un trapo alrededor de la frente para protegerse del sudor, y luego, sacó la cantimplora de Marlowe de su funda de fieltro, y abrió la falsa base. Separó la cubierta de la base de su propia cantimplora, y, cuidadosamente, puso una encima de otra. Dentro de cada una de ellas había un enredo de alambres, condensadores y tubos.
De la cantimplora superior extrajo con el mismo cuidado un enchufe de seis bornes con su completo de alambres y lo acopló diestramente en la cantimplora del medio, que era la de Larkin. Luego conectó otro de cuatro bornes de esta cantimplora al casquete de la última.
Sus manos temblaban y sus rodillas se estremecían, pues hacerlo a media luz, tendido sobre un codo para ocultar las cantimploras con su cuerpo, resultaba muy penoso.
La noche se enseñoreó del firmamento, empeorando la dificultad. Los mosquitos empezaron sus ataques.
Cuando las cantimploras estuvieron unidas, Mac distendió su espalda dolorida y secó sus húmedas manos. Luego cogió el auricular de su escondite en la cantimplora superior y comprobó las conexiones para asegurarse de que eran perfectas. Toda la parte alámbrica se hallaba también en la cantimplora superior. La desenroscó y comprobó que las agujas seguía bien soldadas. Una vez más secó su sudor, y, rápidamente, revisó las conexiones, pensando mientras lo hacía que, aparentemente, la radio seguía tan nueva y limpia como cuando la acabó secretamente en Java, mientras Larkin y Marlowe vigilaban, hacía dos años.
Habían necesitado seis meses para diseñarla y construirla.
Sólo pudo usar la mitad inferior de cada recipiente, pues la parte superior debía de contener agua. Así, no sólo tuvo que comprimir la radio en tres diminutas y rígidas unidades, sino que hubo de montar las unidades en envases sin fugas, y soldarlas.
Los tres habían conservado sus cantimploras durante dieciocho meses, en previsión de un día como aquél.
Mac se puso de rodillas y conectó dos agujas a los cables de la luz que pendía del techo. Entonces se aclaró la garganta.
Marlowe se levantó para comprobar que nadie estuviera cerca. Rápidamente, aflojó la bombilla y encendió el interruptor. Luego se fue otra vez al portal y montó guardia. Vio que Larkin seguía en su sitio guardando el otro lado e hizo la señal de todo despejado.
Mac dio el volumen, cogió el auricular y escuchó.
Los segundos se volvieron minutos. Marlowe, alarmado, daba vueltas alrededor de la puerta, mientras oía gemir a Mac. "



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