La visita de la vieja dama (fragmento)Friedrich Dürrenmatt

La visita de la vieja dama (fragmento)

"Párroco.- La casa de Dios está abierta a todos. (Se da cuenta de que don Elías mira la escopeta.) No le llame la atención la escopeta. La pantera de la señora Zajanassian se ha escapado y anda suelta por ahí. Antes estaba en el coro de la iglesia y ahora la han visto por el granero de Peter.
Elías.- Busco protección.
Párroco.- ¿Contra quién?
Elías.— Tengo miedo.
Párroco.— ¿De quién?
Elías.— De la gente.
Párroco.— ¿Teme que la gente le mate?
Elías.— Me dan caza como a una fiera.
Párroco.— No hay que temer a los hombres, sino a Dios, no a la muerte corporal, sino a la del alma. (Al sacristán.) Abróchame los botones. (Por toda la escena aparecen gulenses armados, dispuestos a disparar. Primero, el alcalde; luego, el policía; los cuatro, el pintor, el maestro... Todos van estrechando el cerco.)
Elías.— Se trata de mi vida.
Párroco.— De la vida eterna.
Elías.— El nivel de vida sube en Gula.
Párroco.— Figuraciones suyas, de su mala conciencia, don Elías.
Elías.— Toda la ciudad está como nueva. Las muchachas se arreglan, los jóvenes llevan camisas de alegres colores... La ciudad se prepara para la gran fiesta de mi asesinato y yo me muero de miedo.
Párroco.— El sufrimiento purifica.
Elías.— Es un infierno.
Párroco.— El infierno está en usted mismo. Uno envejece y cree conocer a las gentes; pero en realidad sólo nos conocemos a nosotros mismos. Usted traicionó en su juventud a una muchacha por dinero y ahora cree que todos los otros están dispuestos a traicionarle a usted por dinero. Usted juzga a los otros según su concepción de la vida, cosa natural. La semilla de nuestros miedos está en nuestros corazones y en nuestros pecados. Basta con que reconozca esta verdad para librarse de su angustia. La verdad le dará las armas con que defenderse.
Elías.— Los Müller se han comprado una lavadora.
Párroco.— No tiene por qué preocuparle.
Elías.— La han comprado a crédito.
Párroco.— Preocúpese más bien de la salvación de su alma.
Elías.— Mis vecinos tienen televisión.
Párroco.— Acuda a la oración. (Al sacristán.) ¡El breviario! (El sacristán se lo da.) Haga examen de conciencia. Arrepiéntase para que no le asalte el temor del mundo. Es todo lo que está en nuestras manos. (Silencio. Los hombres con los fusiles desaparecen. Comienza a sonar la campana de alarma.) Excúseme, pero tengo un bautizo ahora. Sacristán, deme la Biblia y el Libro de los Salmos. El niño comienza a llorar en sus tinieblas. Hay que llevarle al único refugio seguro, dándole entrada en la única luz que ilumina el mundo. "



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