La brizna de paja en el viento (fragmento)Rómulo Gallegos

La brizna de paja en el viento (fragmento)

"Regresó la arrogancia al despacho de los tremendos encargos rodeado de la poca adhesión que lo seguía, se sentó en su escritorio, se arrellanó en el apoltronado asiento como en los mejores días, pero ya sin sonrisa de buena cara para mal tiempo; fijó la mirada en el lejano espacio invisible que se extendía por encima del punto del techo donde al azar se le posó.
Bajo aquel entrecejo, vigorosamente contraído, debían de venir resoluciones terribles, y esperando que se le convirtiesen en órdenes imperiosas, en consignas reconstructivas del movimiento en crisis, sus adeptos, entre los cuales estaban los que componían el Directorio, mirándolo en silencio permanecieron de pie.
—Bueno –dijo por fin el pensativo–. La hora del avestruz. Viene el simún: a esconder la cabeza.
No cayó del todo bien aquella orientación inesperada.
—Pero...
—La hora del avestruz –repitió Rigores imperiosamente, sin dejar que se expresara la objeción que fuera a hacérsele.
Se encogieron los hombros y se cruzaron miradas interrogativas, porque la del jefe pasaba revista buscando a Hinojosa.
—¿Qué se hizo Hinojosa? –preguntó luego.
No eran tantos como para que fuese necesario que todos lo buscasen entre sí; pero a Hinojosa no se le pudo encontrar.
—Tal vez ande averiguando qué se propone Mauricio Leal –apuntó uno de los miembros del Directorio, a quien, por ser rubio, se le decía Rubiales.
Y otro agregó:
—Tal vez se haya quedado en el Aula Magna para oír todo lo que tenga que decir el profesor Luciente.
Pero Rigores ordenó:
—Hay que buscar a Hinojosa. Sacarlo de donde se haya metido.
Esto era ya expresar sospecha de deserción de Hinojosa, y otra vez se cruzaron las miradas interrogativas. "



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