La noche de Tlatelolco (fagmento)Elena Poniatowska

La noche de Tlatelolco (fagmento)

"Gracias a esos dos soldados sentimos confianza y nos levantamos. Corrimos delante de ellos y nos metimos al edificio 2 de Abril en donde nos quedamos dos horas y media que a mí se me hicieron como sesenta... Corrimos todos y brincamos una barda de dos metros de alto más o menos. Todas las chamacas y señoras que brincaban se caían y nosotros procurábamos no atropellarlas a la hora de pasar, pero ni quién las levantara o ayudara. Sálvese quien pueda. Había muchos zapatos tirados, muchos zapatos de mujer... Se me grabó uno con una correíta. Seguí corriendo hasta que me topé con tres o cuatro soldados. A mí y a mi hermano y a otras diez o quince personas nos empujaron hacia la planta baja de un edificio, no sé cuál, opuesto al Chihuahua. Vimos cómo de todas partes salían más soldados. Intentamos subir al primer piso de ese edificio, que es uno de los más grandes que hay, pero los soldados nos ordenaron: "No se muevan"... Nos hablaron de buen modo. Seguro lo estaban haciendo para protegernos porque ya se oía el fuego cerrado y el ruido de las ametralladoras. Les preguntamos si nos podíamos ir y nos dijeron que no, que allí nos quedáramos. Pensamos que si no nos veían, no buscarían a nadie y poco a poco nos colamos hasta el primer piso del edificio. Los soldados estaban ocupados abajo. Tocamos a la puerta de un departamento y luego a otro y a otro y ninguno abría. Esperamos allí sentados en el suelo del primer piso del edificio. Como a las siete, o siete y cuarto, oímos los protectores de fierro de las botas, los estoperoles de los soldados en la planta baja y dos muchachos bajaron a preguntarles si ya podían salir y les dijeron que sí. Los muchachos nos gritaron que ya, y todos salimos. Entonces los soldados en vez de dejarnos ir, nos registraron, nos pidieron identificaciones y nos formaron allí. Al primero que llamaron fue a mi hermano.
(...)
Tocamos en todas las puertas del edificio 2 de Abril y nadie abrió. Una señora que vivía en Tlatelolco y había ido con su niña por el pan se puso histérica y empezó a gritar. Quisimos ayudarla y pasamos un papelito por debajo de la puerta de un departamento que decía: "Dejen entrar a una señora con su niña." Contestaron con otro papelito: "No podemos, tenemos miedo." Así, textual. Perdí el papel, bueno, ni pensé en guardarlo. Creo que contestaron para que dejáramos de golpear las puertas porque Lina y yo estábamos golpeando muy muy fuerte, No sé de dónde nos salieron tantas fuerzas; yo creo que del terror. "



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