La Biblia de barro (fragmento)Julia Navarro

La Biblia de barro (fragmento)

"Yves Picot escuchaba en silencio a su interlocutor que, al otro lado del teléfono, parecía no tener prisa por dejar de hablar. Hacía más de diez minutos que el profesor no había dicho ni una palabra, atento como estaba a lo que le decían. Cuando por fin colgó, suspiró aliviado. Clara presionaba para que la exposición con los objetos del templo de Safran se hiciera cuanto antes, sin atender a razones sobre las dificultades de una empresa como la que querían poner en marcha. Pero Clara Tannenberg insistía en que no ponían suficiente empeño para lograrlo. Los objetos estaban embalados, las fotografías de Lion Doyle listas, cada uno de los arqueólogos participantes en la misión arqueológica había escrito un texto sobre aspectos concretos de la excavación y los objetos encontrados, y además, por si fuera poco, tenían la Biblia de Barro. Clara necesitaba presentar al mundo aquellas tablillas que le quemaban en las manos, ya que sabía que con cada día que pasaba aumentaba el peligro de que se las arrebataran, aunque estuvieran en la caja fuerte de un banco suizo.
De manera que Clara no le había permitido disfrutar de un merecido descanso, y desde que ella se presentara en París, le presionaba a diario.
Menos mal, pensó, que Marta Gómez era la quintaesencia de la eficacia y además compartía el mismo empeño de Clara por poner en marcha la organización de la exposición. En pocas semanas había movilizado a fundaciones y universidades buscando apoyo y dinero. En realidad él también había puesto su grano de arena llamando a amigos influyentes del mundo académico y de las finanzas, a los que había tentado con el anuncio de que en la exposición se daría a conocer un gran descubrimiento.
Por lo que le acababa de decir Fabián, Marta había conseguido que el primer destino de la exposición fuera Madrid. Él hubiese preferido que la inauguración se hiciese en París, en el Louvre, pero para ello debían de esperar unos meses. El Louvre programaba con mucha antelación todas sus exposiciones y actos extraordinarios.
Fabián le había anunciado que una entidad bancaria española y dos grandes empresas habían aceptado financiar la puesta en marcha de la exposición. Eso sin contar con que las autoridades académicas de la Universidad Complutense, así como los responsables del Ministerio de Educación y Cultura, también se habían mostrado entusiasmados. Era una gran oportunidad para Madrid, sería la primera capital que albergara la exposición nada menos que en el Museo Arqueológico Nacional; después iría a París, Berlín, Ámsterdam, Londres y Nueva York.
Llamaría a Clara para darle las buenas nuevas, aunque estaba casi seguro de que Marta ya la habría llamado. Las dos mujeres parecían haber estrechado su relación a cuenta del empeño que tenían en inaugurar cuanto antes la exposición. "



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