Potiki (fragmento)Patricia Grace

Potiki (fragmento)

"Yo tengo mi propia historia de cuando Dollarman vino. Nuestras historias cambiaban, pero ésta es una historia de sensaciones y presentimientos.
No se trata de la historia sobre la primera visita de Dollarman. Él volvió algunos meses después, y volvió una y otra vez, trayendo consigo a una persona distinta. Cada una de estas personas parecía un gemelo de Dollarman y sus historias eran gemelas de las de Dollarman. La conversación era siempre la misma y las visitas nada cambiaban.
Todo el mundo se sentía orgulloso del tío Stan cuando Dollarman llegó con su dinero y sus palabras. Las palabras del tío Stan podían igualarse a las de Dollarman y sus riquezas eran más que suficientes para igualar el dinero de Dollarman.
Entonces un día llegó un hombre y dijo que el trabajo tenía que iniciarse, que habían tenido que reducir el costo del proyecto puesto que el acceso que tenían no era bueno. También dijo que por la falta de cooperación y previsión de nuestra parte, la compañía se veía obligada a reducir los gastos por el momento. Por el momento, repitió. Pero de una forma u otra él nos persuadiría para que tuviéramos sentido común y fuéramos previsores. De una forma u otra, de una forma u otra, continuó diciendo. Entonces fue cuando comencé a sentir que ardía por dentro. Ya había tenido la misma sensación siendo un niño cuando mi madre Roimata me abrazó fuerte y temió por mí. Pero cuando esté hombre habló yo no era ya lo que se dice un niño.
El fuego me corría por dentro y lo rojo me atravesó y saltó y se regó por las paredes. Las madres y los padres de madera se tiñeron y se retorcieron, y sus ojos estaban rosáceos y parpadeantes. Aquello iba y venía. Me abrasaba el significado de lo que estaba pasando.
En la casa la gente aspiraba el aire y lo soltaba en suspiros. También llenaban el lugar las palabras que gritaba mi hermana Tangimoana, aunque la mayoría pensaba que no era bueno que ella hiciera eso en la casa de Rongo.
Mi padre dijo que él no sentía ninguna pena porque el proyecto se hubiese reducido, deseaba que aquel hombre dejara la tierra en paz para que la gente la pudiera disfrutar tal como era. «La tierra siempre ha sido y será un entretenimiento para nosotros», dijo Hemi.
Nuestro tío Stan habló de la previsión, de tener los ojos en el futuro. «Vemos con nuestros propios ojos, dijo. Tras tantos años intentando quedar bien con los demás, hemos decidido que es tiempo de quedar bien con nosotros mismos. Ahora que podemos ver con nuestros propios ojos, todo nos queda claro. La falta de previsión que nos achacan, no es tal, pues nuestra prudencia nos indica que no debemos nunca, jamás, dejar que nos quiten la tierra. Si dejas que se lleven tu corazón y tu alma, el cuerpo se desmorona».
El hombre creyó que se trataba sólo de palabras, palabras sin sentido ni significado, palabras dichas al azar sin ningún cuidado. «Ya veremos, decía, ya veremos».
Después de aquello tuvimos que enviar cartas explicando por qué nos oponíamos al proyecto. El proyecto no tenía que ver con la adquisición de nuestras tierras porque éstas no podían ser compradas; pero sí guardaba relación con lo de las excursiones y los deportes acuáticos, con lo del acuario bajo el agua y lo del circo de animales con las focas que aplaudían, el hombre que metía la cabeza dentro de la boca de la ballena y todo lo demás que habían planeado. Entonces llegó la carta sugiriendo cómo podríamos participar en sus planes, cómo podíamos engalanarnos y cantar y bailar dos veces al día y cocinar en las rocas. Molestos, escribimos una carta en respuesta: «Nuestros bailes y nuestras canciones no están a la venta. Muchísimo menos la comida que cocinamos en las rocas. ¡Qué sean ellos los que se cocinen en las rocas!». Escuché que mi tío dijo: «De todas formas se refugiarán más tarde en sus habitaciones climatizadas y a prueba de ruido, desde donde pueden mirar el mar como tontos pajarracos mientras hablan alto sin que les perturbe el ruido de los motores de los barcos. No escucharán el ruido, no tienen oídos para el ruido». "



El Poder de la Palabra
epdlp.com