La espera (fragmento)Ha Jin

La espera (fragmento)

"En julio de 1984, Bensheng acompañó a su hermana Shuyu al hospital militar, pero sólo se quedó allí un día, pues debía regresar a casa y ocuparse de sus asuntos. El año anterior habían disuelto la comuna y él había abierto una pequeña tienda en un pueblo vecino, donde vendía principalmente caramelos, licor, tabaco, salsa de soja, vinagre y semillas de calabaza con especias. Durante su ausencia, Hua se encargó de la tienda, pero él no podía estar tranquilo y era reacio a permanecer mucho tiempo ausente. El verano anterior Hua no había aprobado los exámenes de ingreso en la universidad, y afortunadamente podía trabajar para su tío en vez de hacerlo en los campos.
Shuyu caminaba por el hospital con un paso tambaleante, a causa de los pies contrahechos y vendados, causando el asombro de enfermeras, médicos, oficiales y sus esposas: una cosa así ya sólo se veía en mujeres de más de setenta años. Siempre andaba sola, pues Lin no quería estar con ella en presencia de los demás. Cada vez que cruzaba la plaza delante del edificio médico, las enfermeras jóvenes se agolpaban en las ventanas para mirarla. Habían oído decir que una mujer con los pies vendados solía tener gruesos muslos y el trasero muy grande, pero las piernas de Shuyu eran tan delgadas que no parecía tener caderas.
Pocos días después de su llegada, empezó a notar un dolor en la parte inferior de la espalda. Le molestaba mucho, y no podía permanecer sentada en una silla más de media hora. También le dolía cada vez que tosía o estornudaba.
Lin habló con el doctor Ning acerca del síntoma de Shuyu, y entonces pidió a su esposa que fuese a ver al médico. Ella lo hizo a la mañana siguiente; el diagnóstico fue ciática, en fase inicial. Necesitaba electroterapia.
Así pues, Shuyu empezó a recibir tratamiento. Las enfermeras mostraban una amabilidad excepcional hacia aquella mujer, pues sabían que Lin iba a divorciarse pronto de ella. Una vez instalada la luz diatérmica, charlaban con ella. Tendida boca abajo en un diván de cuero, Shuyu respondía a sus preguntas sin mirarlas. Le gustaba el olor a lisol que flotaba en la atmósfera y que le recordaba un poco al de las almendras tiernas. Nunca había estado en una habitación tan limpia, de paredes color crema y grandes ventanas a través de las que entraba el sol que incidía sobre las superficies de vidrio de las mesas y las tablas rojizas del suelo. No se veía una mota de polvo por ninguna parte. En el exterior, las cigarras chirriaban suavemente en las copas de los árboles; incluso los gorriones no piaban allí con el furor que mostraban en su pueblo. Pensaba en lo curioso que era que tanto las personas como los animales parecieran mucho más dóciles en el ejército. "



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