Ojos insomnesIbrahim al-Koni

Ojos insomnes

"El Desierto, lar de la divinidad.
El exilio es como el Desierto, patria divina.
El Desierto, oasis de eternidad.
El Desierto, templo del espíritu, exilio corporal.
El cielo, Desierto en la cima; el Desierto, bóveda celeste
en la cima terrestre.
El Desierto, mágica botella de libertad.
El Desierto, una casa sin muros.
La miseria se cierne sobre aquél que concibe el Desierto
como su patria, incapaz de disfrutar de la vida en su tierra
natal o de vivir lejos de ella.
Quien tiene el desierto como patria carece de hogar.
La belleza del Desierto es metafísica. El Desierto es el
despertar del espíritu.
No sería el Desierto paraíso perdido para el cuerpo ni
paraíso terrenal para el espíritu.
El Desierto, casa en contacto con la eternidad, espacio para
la vasta eternidad.
El Desierto es como el mar, dimensión infinita que no se
manifiesta por completo.
El Desierto, con sus manantiales bajo la superficie, es la
tierra desértica en su extraviada dimensión.
El Desierto es expansión; desértica en su desconocida
dimensión.
El Desierto es un océano cuyo tronco es lo yermo y cuya raíz
es la eternidad.
El Desierto está en conflicto con la existencia pero en
armonía con su adversaria, la nada.
El Desierto es encantamiento donado por la eternidad.
El Desierto es paraíso vertido no a través del agua sino de
la libertad.
El Desierto es un vacuo paraíso.
Si el Desierto no careciera de agua, la libertad no sería
como un oasis acuoso.
El cuerpo del Desierto está purificado por el sol del
Desierto; el espíritu del Desierto está purificado por la
soledad.
La desnudez del desierto ha sido ofrecida por el cielo.
El Desierto, como el cielo, nunca permanece oculto.
Lo yermo, como el cielo, permanece como sino desértico.
Acudimos al Desierto a saciar nuestra sed de libertad.
En el Desierto sentimos una sed agónica, vivimos con el
anhelo de calmar nuestra sed mediante la libertad.
En el Desierto muere nuestro cuerpo, pero vive nuestro
espíritu.
El Desierto nunca nos ha traicionado. Somos nosotros
quienes le hemos sido infieles.
El Desierto ofrece gratuitamente la dicha llamada libertad.
El amante del Desierto es prisionero de la libertad. ¿No es
el amante del Desierto amante de la eternidad? El mundo es
cuerpo, el Desierto es espíritu.
¿Puede el desierto paliar tu voraz hambre? Por supuesto.
¿Cuándo te ha provisto de pan el espíritu?
El mundo nos devora con su caos, el Desierto nos insufla vida
con su tranquilidad.
La libertad es como el Desierto: nosotros únicamente
habitamos en él para trascender. Nosotros sólo trascendemos
para encaminar de nuevo, presurosos, nuestros pasos hacia
Él.
El devoto del Desierto puede elegir permanecer en el oasis,
pero el devoto del oasis puede decidir no prolongar su
estancia en el Desierto. Ésa es la razón por la cual el oasis
denota cautiverio frente al salvífico Desierto.
El Desierto, cuerpo de libertad; la libertad, espíritu
desértico. El Desierto, libertad encarnada; la libertad,
recóndito Desierto. "



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