En busca del lugar perdido (fragmento)Ibrahim al-Koni

En busca del lugar perdido (fragmento)

"El agotamiento y la sed pudieron más que él y sintió las fauces del cruel daimon encima de su cabeza. Cuando la espumosa saliva del camello cayó sobre sus brazos, se dio cuenta de que la maldita bestia lo había sorprendido. Decidió comportarse como un adulto y se desvió hacia la derecha. Corrió un corto trecho para desviarse esta vez hacia la izquierda. El astuto demonio seguía, sin embargo, pisándole los talones, virando en pos de él, con la destreza de un pájaro y la flexibilidad de una serpiente, así que se sintió desesperar. Se desesperó porque el cansancio lo había abrumado y la sed lo había traicionado, activando en su conciencia todos los peligros que había de afrontar y sintiendo, por tanto, la emoción de aquel amargo trance.
La siguiente vez, la bestia le quitó el velo al intentar morderle la cabeza. De modo que corrió con la cabeza descubierta a través de la árida llanura. En su precipitada huida, bajó algunos barrancos hasta llegar a una pronunciada pendiente que comenzó a ascender, apenas sin aire en los pulmones, latiendo su corazón abruptamente. De no haberse servido de ambas manos y pies, la bestia le habría atacado salvajemente antes de hollar la cima de la pendiente.
Nada más llegar a la cumbre, se dejó caer, rodando cuesta abajo por la pendiente. No se detuvo siquiera a pensar qué estaba haciendo hasta que llegó a un saliente. Entonces se encontró en un profundo barranco, donde los árboles crecían a intervalos dispersos a lo largo del fondo del valle donde pastoreaba el ganado. No, no se trataba de ovejas o de cabras sino de jumentos. La mitad de la manada permaneció impertérrita; los otros se asustaron, pero no huyeron. Cerca de allí, apenas a unos pasos de donde había caído, unos ojos grisáceos e inquisitivos lo miraron. Detectó en aquella mirada una sonrisa misteriosa en la que pudo discernir un mensaje salvífico. Saltó a su lado y montó sobre la burra. Al principio el animal pareció ofenderse y se resistió en un heroico intento de verse libre, pero él se mantuvo firme y se apretó fuertemente contra el lomo del jumento ya que estaba completamente seguro de que era el único asidero al que podía aferrarse. En ese momento los alcanzó el demonio. El animal trató de patearlo para repeler su ataque y salió despavorido hacia el valle, hasta más allá de la arboleda hasta llegar a apostarse justo en medio de la indiferente manada, dejándolos atrás en un santiamén para continuar con su loca huida, alcanzando la cordillera en un tiempo récord y depositando su carga a los pies de la montaña, junto a una confortable piscina, conformada por los torrentes lluviosos en medio de los afloramientos rocosos y al abrigo del ardiente sol. Atrás quedó la tierra estéril y también la bestia había desaparecido. Así que se zambulló en la piscina para beber. "



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