El tren (fragmento)Hamid Ismailov

El tren (fragmento)

"Le contó a Obid-Kori con solemnidad y con el brioso ímpetu de las mulas del Turquestán que habían decidido crear un estado islámico, sin distinción de tribu y nacimiento. Le habló en ruso acerca de las sociedades sin clases en la que todos serían iguales. Obid-Kori reflexionó sobre ello largamente. Ambos documentos parecían tratar de lo mismo, ¿cuál era entonces la diferencia entre ambos?
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Él mismo ardía ahora junto a la paja, junto a todos aquellos libros apilados y entreabiertos, cuyas páginas sólo serían asidas por el fuego e incluso pudo distinguir palabras que se alzaban de los libros en forma de llamas flamígeras y cenicientas sombras que descendieran bajo sus pies descalzos. Sumari yerga urdi (fruta caída en la tierra) susurró por última vez y fue testigo de las últimas palabras que ardían y su deslumbrante ocaso fue lo último que sintió.
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Una vez, en el día del Yom Kippur, después de escribir el título de la película, “Shri 420” con su propia orina en la pared que lindaba con la barbería de Huvron, el zapatero Yusuf fue a ver la película. No tenía claro por qué había ido –quizás pretendiera reírse de los que lloraban o contemplar un zapato tamaño 420- el caso es que el filme le afectó mucho más profundamente de lo que hubiera imaginado. Las lágrimas ancestrales de los hebreos se vieron acompasadas por su propio llanto al visionar la película que había sido prohibida por el partido y aquel acuoso torrente ascendió por tobillos y cráneos y de súbito los pensamientos de Yusuf dibujaron ecos del diluvio y del Arca de Noé además del monte Ararat y de las suelas y tacones corroídos que pronto habría de reparar. Tan afectado quedó, que tomó la determinación de no usar más como mingitorio la pared del barbero Huvron. Ése es el poder del cine de la India. "



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