La odiada gente (fragmento)Mauricio Wacquez

La odiada gente (fragmento)

"Pienso: ya está aquí. Y sigo tratando de diferir los consuelos que mi memoria trata de imponerme, la resignación cristiana, que a la luz de la pequeña claridad de la puerta, me parecen menos decentes y buenos. Polvo negro y blanco como una metralla de ajedrez: en eso se convierte la única luz que llega aquí. No puedo más que pensar un esfuerzo que quiero hacer físico sin conseguirlo. Logro, sí, aumentar mi pesantez ya que es lo único que me impide salir lanzado fuera, en esta loca carrera de astros y luces silenciosas. Sobre la mancha de mi prisión, diluida prisión, se levanta el silencio reconocido como mi única palabra. Los barrotes a veces parecen objetos factibles de limarse, y escapar por allí, me digo, sin poder mover un brazo de esta postura levitativa. Las flores de hace un rato se vuelven cal y carbonato porque han mostrado la verdadera razón que me hará morir; sin floripondios ni glicinas, sin molduras, encadenado a la pared que mi memoria caótica y deforme insiste en recordar. Por esto retrocedo a mi esquina, a mi dominio, y desde aquí voy pensando de a poco en la manera de salir, principio cristiano del conocimiento, de esta oscura encrucijada. Mientras estoy aquí, mientras aguardo que los pasos que anuncia la luz y el aroma a flores de tomate se hagan sensibles, voy recorriendo uno a uno los objetos y las posibilidades que me rodean. Por ejemplo, el vidrio que encontré al llegar y que por desesperación olvidé apartar, se me incrusta en el pantalón y en la carne, no pudiendo discernir entre el vidrio y el piso de ladrillo y el parquet en forma de rosetones y las dos formas de tiempo y las cuatro posibilidades de morir, que nuevamente, en ese tibio y callado pinchazo del vidrio en la nalga, se me aparecen como la conclusión de los pensamientos ordenados. "


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