Cárceles imaginarias (fragmento)Luis Leante

Cárceles imaginarias (fragmento)

"No pude aguantar su mirada. Me levanté y fui a la cocina con la excusa de traer algo más para comer. Abrí el armario. La taza de Victoria seguía en el mismo sitio diez años después. Su delantal estaba colgado detrás de la puer­ta. Sin embargo, había momentos como ese en los que no podía recordar su rostro. Y los álbumes de fotografías lle­vaban una década cerrados.
[...]
No me costó mucho esfuerzo escribir aquel libro. Pedro Luis Angosto me había facilitado el trabajo. Aprove­ché las vacaciones de julio. No tenía planeado ir a ninguna parte. Estoy seguro de que Carolina se alegró cuando le dije que prefería quedarme en Barcelona, aunque fingió estar decepcionada. Nuestra manera de entender los via­jes era opuesta e irreconciliable. No le confesé que pen­saba encerrarme en casa a escribir un libro sobre exilia­dos y deportados; habría pensado que me había vuelto loco. Carolina trabajaba en una agencia de viajes. Antes fue guía turística. Aunque tenía un punto frívolo a primera vista, escondía detrás algo que no le gustaba que los demás vieran. Leía mucho, odiaba su trabajo y soñaba con montar un negocio y forrarse. Nunca le había habla­do de Victoria. Ella, sin embargo, solía hablar del hombre con el que compartió los últimos tres años hasta que la relación se rompió. Carolina era seis o siete años más joven que yo. Nos conocíamos desde hacía diez meses. No bebía, no fumaba, hacía vida sana. Su único vicio era la obsesión por la moda y el deporte, pero a mí no me molestaba. Nos veíamos con cierta frecuencia, una o dos veces a la semana; nunca en mi casa. A veces pasaban quin­ce días sin saber nada de ella. A lo nuestro no se le podía llamar relación de pareja. En la vida de Carolina había otros hombres. Yo lo sabía; no me lo ocultaba. "



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